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I N D I C E Introducci--n Primera Parte. Grandes
rasgos de la evoluci--n del concepto de trabajo desde la antigY¨edad hasta
fines el XIX Introducci--n Segunda Parte. El
debate reciente sobre "el fin del trabajo" Tercera Parte. El
trabajo como realidad social y valor en transformaci--n Introducci--n Cuarta Parte. Acerca
de la naturaleza y significaci--n del trabajo humano Conclusiones Anexo. Glosarios de conceptos y definiciones Bibliograf'a |
R e s e ñ a
Este es el título del nuevo libro que ha producido el Dr. Julio César Neffa, investigador del CONICET, director del Centro de Estudios e Investigaciones Laborales-Programa de Investigaciones Económicas sobre Tecnología, Trabajo y Empleo, y docente de las Universidades de Buenos Aires y La Plata. El mismo se presentará en la Facultad de Economía y Administración de la Universidad Nacional del Comahue, el jueves 11 de diciembre próximo a las 18 horas en el Aula 53, como parte de las actividades de la carrera de Posgrado "Especialización en Historia Económica y de las Políticas Económicas". Auspicia la Facultad a través de la Dirección de Posgrado.
El propósito de la publicación es brindar una visión conjunta sobre el trabajo humano, a partir de los aportes de varias disciplinas. Responde al desafío que significan la afirmación de que se acerca necesaria e inexorablemente el "fin del trabajo" y el subsiguiente cuestionamiento del valor del trabajo mismo y su necesidad, como consecuencia del incremento de la productividad y la introducción de las nuevas tecnologías informatizadas.
La obra es el resultado del trabajo de un equipo de investigadores dirigido por el Dr. Neffa en el marco del CEIL-PIETTE del CONICET, los que dan cuenta de un profundo compromiso con la temática, el que es asumido, según lo expresa el director, como un trabajo colectivo y militante en la cuestión estudiada. Ello por cuanto, el conjunto de quienes han participado en la producción asume la necesaria búsqueda y reflexión teórica acerca de un tema polémico, con implicancias económicas, pero fundamentalmente sociales, éticas y políticas. De allí la afirmación de los autores de que "el trabajo es un valor que permanece y se transforma a impulsos de la dinámica social, lejos de los determinismos. Su lugar en cada momento histórico y en cada sociedad es función del grado de conciencia de los trabajadores, del desarrollo de las capacidades productivas de una sociedad, responde a relaciones de poder entre actores sociales y a los respectivos proyectos de sociedad que de ellas surgen".
En la línea señalada, el libro aborda una primera parte en la que se desarrolla una visión de largo plazo acerca de la evolución histórica del concepto de trabajo, desde la antigüedad hasta fines del siglo XIX en la "civilización occidental", cuna del capitalismo.
En una segunda parte, presenta el debate sobre "el fin del trabajo", pasando revista a las principales teorías y posiciones al respecto.
En la tercera parte, el texto da cuenta de la crisis iniciada en los años setenta en los países con economías capitalistas industriales, que provocara el cambio de la relación salarial fordista a partir de la cual se habían estructurado el derecho del trabajo, las relaciones laborales y el sistema de protección social desde la segunda posguerra.
En su parte final, aborda el tema de la naturaleza y significación del trabajo humano, enfocándolo como una actividad específicamente humana; se presentan sus diversas dimensiones, enriqueciendo su significado a partir de la corriente teórica de psicodinámica del trabajo, e indagando acerca de su papel en la construcción de la identidad de los trabajadores.
Este capítulo es el que da cuenta de la perspectiva de los autores, los que toman posición acerca del valor del trabajo, su permanencia y la centralidad individual, colectiva y societal.
En síntesis, un texto cuya lectura es imprescindible, por la cuestión que trata, por la posición que adoptan sus autores, y por su aporte a la reflexión y la acción aquí y ahora.
El propósito de la publicación es brindar una visión conjunta sobre el trabajo humano, a partir de los aportes de varias disciplinas. Responde al desafío que significan la afirmación de que se acerca necesaria e inexorablemente el "fin del trabajo" que desvincularía la producción de bienes y de servicios del uso de la fuerza de trabajo, y el subsiguiente cuestionamiento del valor del trabajo mismo y su necesidad, como consecuencia del incremento de la productividad y la introducción de las nuevas tecnologías informatizadas.
Siguiendo a Hopenhayn (2001) los autores señalan que esto se debe a la contradicción emergente de la realidad socioeconómica en que se desarrolla el trabajo, caracterizada por la heteronomía, la dominación, la división social y técnica, la alineación y la explotación de sus potencialidades para transformar la naturaleza, al mismo tiempo que expresa la creatividad, desarrolla la personalidad, crea lazos de solidaridad que promueven la integración social, la adquisición de conocimientos y competencias y la construcción de la identidad. De este modo, el trabajo puede dar lugar tanto al sufrimiento como al placer.
Para los autores, el debate sobre "el fin del trabajo" continúa y ha puesto de relieve el impacto de la crisis sobre el trabajo asalariado y los cambios en la relación salarial, estimulando la reflexión y la discusión entre filósofos, psicólogos, sociólogos, juristas y economistas del trabajo, que eviten caer en una visión reductora impregnada de economicismo. Por ello han procurado lograr una coherencia entre los temas abordados, lo que se refleja en el orden de exposición, la que guarda la siguiente secuencia:
La primera parte del libro desarrolla una visión de largo plazo acerca de la evolución histórica del concepto de trabajo, desde la antigüedad hasta fines del siglo XIX en la "civilización occidental", cuna del capitalismo. No se trata de una investigación histórica exhaustiva, sino de la presentación a grandes rasgos de una transformación, acelerada desde la emergencia del modo de producción capitalista, por el desarrollo de las fuerzas productivas, el cambio científico y tecnológico y las relaciones sociales de producción.
La segunda parte, presenta el debate sobre "el fin del trabajo", pasando revista a las principales teorías y posiciones al respecto. En ella los autores procuran demostrar que a menudo este debate no ha estado bien planteado, tanto desde el punto de vista estadístico (dado que globalmente el número de trabajadores y de horas trabajadas no disminuye sino que crece más lentamente) como desde la concepción misma del trabajo y su significado para la naturaleza humana, como lo prueban los impactos del desempleo.
La tercera parte del texto da cuenta de la crisis iniciada en los años setenta en los países con economías capitalistas industriales, que provocó el cambio de la relación salarial fordista a partir de la cual se habían estructurado el derecho del trabajo, las relaciones laborales y el sistema de protección social desde la segunda posguerra. Da cuenta esta sección de los procesos de reconversión iniciados en un contexto de mundialización de la economía y de exacerbación de la competitividad, que han acelerado los cambios en la organización de las empresas y en los procesos productivos, con profundas implicancias en cuanto al empleo y las condiciones y medio ambiente laborales.
En su parte final, el texto aborda el tema de la naturaleza y significación del trabajo humano, enfocándolo como una actividad específicamente humana; se presentan sus diversas dimensiones, enriqueciendo su significado a partir de la corriente teórica de psicodinámica del trabajo, e indagando acerca de su papel en la construcción de la identidad de los trabajadores, en un intento por determinar si se trata de una necesidad antropológica, de un valor esencial que permanece, aunque al mismo tiempo se transforme. Junto a ello, los autores no dejan de reconocer la existencia y el valor de las demás actividades humanas que no son propiamente trabajo y que van ocupando una proporción cada vez más importante del tiempo y del mundo de vida de las personas.
Este capítulo es el que da cuenta de la perspectiva de los autores, los que toman posición acerca del valor del trabajo, su permanencia y la centralidad individual, colectiva y societal.
El texto constituye una excelente producción para la enseñanza en carreras de ciencias sociales, particularmente las ligadas a la Economía y la Administración, las de Servicio Social, Sociología, Sicología, Relaciones Humanas, Derecho y Antropología, como así también las orientadas a la cuestiones tecnológicas y la organización industrial. A los fines pedagógicos, cuenta con un Anexo, el que presenta un Glosario en el que se explicitan diversos conceptos utilizados a lo largo de los capítulos. El mismo tiene por objeto evitar las confusiones conceptuales derivadas del uso corriente de varios términos que se asimilan erróneamente, como por ejemplo actividad, trabajo y empleo. Tal glosario es producto del desarrollo que se presenta en una publicación anterior: "Actividad, empleo y desempleo", (2000) del CEIL-PIETTE, en la que Demián Panigo y Pablo Pérez acompañan al Dr. Neffa.
El esfuerzo de compilación bibliográfica, de análisis de la diversas corrientes de pensamiento, y la conceptualización rigurosa, cumple el propósito que persiguen los autores: la difusión del pensamiento acerca de un tema central de preocupación contemporánea, a los investigadores y docentes que se desempeñan en el área de las ciencias sociales del trabajo, ofreciéndoles una síntesis elaborada a partir de documentos teóricos y de estudios de casos de alto valor; la puesta a disposición a los alumnos de carreras de grado y posgrado, que abordan con múltiples interrogantes el estudio del trabajo humano, de un conjunto ordenado de materiales para lectura y reflexión; y, en el mismo sentido, a los responsables de las organizaciones profesionales de trabajadores y empleadores, a los sindicatos y a quienes en el nivel de empresas y organizaciones, tienen a su cargo la gestión de los recursos humanos y las relaciones de trabajo.
El equipo de colaboradores del Dr. Neffa, a quienes él define como un colectivo de trabajo, constituye un grupo transdisciplinario, comprometido con la temática y con el activismo en el campo laboral. Su trabajo da cuenta de muchos años de investigación, atraídos por la reflexión teórica acerca de un tema polémico, con implicancias económicas, pero fundamentalmente sociales, éticas y políticas; los convoca el debate actual con quienes presagian el fin del trabajo, y con aquellos otros que niegan su esencia antropológica, y su valor en tanto creador de identidad, a la vez que afirman que es una categoría histórica relativa. De allí su afirmación de que "el trabajo es un valor que permanece y se transforma a impulsos de la dinámica social, lejos de los determinismos. Su lugar en cada momento histórico y en cada sociedad es función del grado de conciencia de los trabajadores, del desarrollo de las capacidades productivas de una sociedad, responde a relaciones de poder entre actores sociales y a los respectivos proyectos de sociedad que de ellas surgen". En síntesis, un texto para leer y releer.
Principales conclusiones a que arriba el autor
En primer lugar, el concepto de trabajo se ha ido transformando a lo largo del tiempo, y no cabe excluir la posibilidad de que siga cambiando. Partiendo de una actividad dedicada exclusivamente a satisfacer las necesidades vitales de las familias y comunidades, pasó por las etapas de la esclavitud y la servidumbre, incluso en las grandes civilizaciones de la antigüedad. Emergió luego como trabajo abstracto asalariado dominado y heterónomo desde la instauración del modo de producción capitalista: fue objeto de procesos de racionalización productivista gracias a la división social y técnica del trabajo; se consolidó durante un corto período (treinta años de posguerra) una relación salarial fruto de un "pacto social" que otorgaba reconocimiento, estabilidad, salarios elevados indexables según la inflación y protección social, en contrapartida de la aceptación de la paz social, la disciplina, la subordinación y una rígida organización del trabajo: entra en crisis desde mediados de la década de los años setenta como resultado de la ruptura del anterior régimen de acumulación.
Desde entonces, la emergencia de un nuevo régimen dentro del modo de producción capitalista, el derrumbe de las economías de los países del socialismo real con su dramática transición al capitalismo y la irrupción de los nuevos países industriales operada en el contexto de la mundialización, dominación de las finanzas sobre la economía real, incorporación de innovaciones tecnológicas y organizacionales, privatizaciones, liberalización del comercio y desregulación, asignaron un papel hegemónico a las fuerzas del mercado que presionaron para configurar una nueva relación salarial. El incremento de la productividad y la disminución del tiempo de trabajo contenido en los bienes y servicios, crearon las condiciones para poner en la agenda el tema "fin del trabajo", descalificando las políticas de pleno empleo y cuestionando la teoría del valor trabajo.
En la segunda parte, se trató de identificar los argumentos utilizados como justificaciones de la necesidad irreversible de aceptar la persistencia del desempleo masivo, el subempleo involuntario, la informalidad, el trabajo no registrado y la precarización del empleo. Simultáneamente, surgieron fenómenos paralelos tales como el deterioro de los salarios reales y la adopción de políticas compensatorias y de contención social de la lucha contra la pobreza y la exclusión consistente en subsidios, ingresos mínimos de subsistencia y la promoción del autoempleo, es decir del trabajo no asalariado. Se produjo un cambio en el anterior sistema de relaciones de trabajo que generó: fortalecimiento del poder de los empleadores, redefinición del rol del Estado, debilitamiento del poder sindical de los trabajadores ocupados y al mismo tiempo la emergencia de nuevos movimientos sociales, como expresión de la desocupación, pero no siempre aliados de los sindicatos.
Si bien no se han verificado las tesis o profecías formuladas por Rifkin y otras similares acerca del fin del trabajo, ya que los asalariados constituyen todavía la mayor parte de la población ocupada en los países capitalistas industrializados y su volumen total crece, o al menos no disminuye de manera significativa; lo que sí sucede es que el contenido del trabajo se transforma, se desarrollan "formas particulares" o "formas específicas de empleo" y éste se precariza.
En consecuencia, el estatuto del trabajo asalariado que antes representaba una garantía de estabilidad y protección social se deteriora, se fragiliza debido al desempleo, al cambio de las reglas y al debilitamiento de las organizaciones sindicales. Pero para salir de la crisis los asalariados no pueden salir de la relación salarial y convertirse automáticamente en empleadores o productores independientes (por cuenta propia) porque no disponen de capital y por la imposibilidad de acceder al crédito en condiciones favorables, como señala Michel Aglietta ( 1997). Las mujeres han aumentado significativamente su participación en la PEA, tanto en las actividades directamente productivas como sobre todo en las terciarias y de servicios y la discriminación sexual comienza a ser cuestionada socialmente aunque de manera lenta, pero sostenida. Estos fenómenos de desempleo y precarización que acrecentaron las diferencias dentro de la PEA y en la población ocupada; ello no significa que el trabajo humano vaya desapareciendo, ni que haya disminuido el número absoluto de los trabajadores directa o indirectamente asalariados, a pesar de que su proporción frente a los "verdaderos empleos" crezca relativamente. Además, la mayor parte de los nuevos empleos asalariados creados son por tiempo determinado, de tiempo parcial y puedan incluirse dentro de la categoría de subempleo, o son trabajos informales, no registrados, o "en negro".
Los embates y críticas contra lo sustancial de la teoría del valor trabajo, al postular que el cambio científico y tecnológico se convierte en la verdadera fuerza productiva creadora de valor, no han logrado su cometido, aunque sí exigen su actualización debido a que por diversos factores se ha incrementado la fuerza productiva del trabajo, es decir la productividad, lo que vuelve poco elástica la creación de empleos a medida que crece el producto. La crisis ha dejado al descubierto el crecimiento de la composición orgánica del capital, es decir que progresivamente va aumentado la proporción del capital constante sobre el variable. Para sus adherentes, las tesis marxistas del valor trabajo siguen manteniendo su coherencia, y la constatación de un aumento de la productividad aparente del trabajo logrado por la introducción de innovaciones tecnológicas y organizacionales, no hace sino verificar la vigencia del concepto de plus valor relativo y la utilidad de la noción de fuerza productiva del trabajo. El tiempo de trabajo socialmente necesario requerido a cada trabajador para producir una unidad de producto ha disminuido y, en una misma cantidad de empleo, ahora se producen más bienes y se prestan más servicios. En consecuencia, cada producto o servicio generados contiene ahora una menor cantidad de trabajo, es decir, se ha desvalorizado.
Recientemente, luego de la crisis de la relación salarial fordista, pero sin que desaparezca la heteronomía, la subordinación, la apropiación de la plusvalía propia del proceso de trabajo capitalista, ni la alineación del trabajo asalariado, otra norma productiva se va instaurando progresivamente en las empresas más competitivas de los países capitalistas industrializados. La incorporación dentro de las empresas y organizaciones de las innovaciones tecnológicas y organizacionales es una respuesta a los límites del taylorismo y del fordismo para aumentar la productividad y hacer frente a los rápidos e imprevisibles movimientos del mercado, imponiéndose la necesidad de que los asalariados sean polivalentes, flexibles y móviles, se involucren movilizando no sólo su fuerza física, sino también sus capacidades psíquicas y mentales, sus calificaciones, experiencia y competencias, en otras palabras, su subjetividad, como condiciones necesarias para responder a los cambios en la demanda, operar adecuadamente los nuevos equipos, cumplir los plazos de entrega y mejorar la eficiencia y calidad de la producción buscando la satisfacción del cliente o usuario.
Esas son las condiciones necesarias para incorporar eficazmente las innovaciones científicas y tecnológicas, hacer frente a los incidentes, superar los límites del trabajo prescripto y lograr, en cantidad y calidad, los objetivos cada vez más exigentes de las unidades de producción y bajo severas restricciones de tiempo. Se puede ver esta participación e integración gratuitas del trabajador en los objetivos de la empresa como una alineación (Linhart, 1996). Pero además, para que los objetivos prescriptos mencionados de la producción sean alcanzados, los trabajadores por su propia iniciativa deben tener que ingeniarse, incluso hacer trampas, violar los reglamentos y las consignas del trabajo prescripto (Dejours, 2002).
En la tercera parte, se analizaron algunas de las transformaciones más relevantes producidas en el trabajo humano en sus diversas dimensiones, partiendo de lo sucedido en los países capitalistas industrializados, para compararlas con las economías subdesarrolladas de los países periféricos, dominados y semi-industrializados, donde la situación es actualmente muy diferente por razones estructurales, dada su heterogeneidad económica, social y política. Esas transformaciones también repercuten de diferente modo según las diferentes formaciones sociales, trayectorias nacionales de crecimiento y las asimetrías en cuanto a modos de regulación y regímenes de acumulación de estos países. Son cambios no exentos de contradicciones que operarán primeramente por la vía de las empresas trasnacionales y de las grandes empresas del capital nacional, al incorporar innovaciones y destinar una parte sustancial de su producción a la exportación dentro de una severa competencias.
La lógica de producción y acumulación que emerge vigorosamente desde la crisis de mediados de los setenta en los PCI ha cuestionado la vigencia generalizada de la "relación salarial fordista" (el trabajo asalariado por tiempo indeterminado, con garantías de estabilidad y protegido socialmente) porque generaría rigideces en cuanto a la gestión de la fuerza de trabajo, dificultaría la extracción de plus valor y por ende la obtención de altas tasas de ganancia. La relación salarial cambia así con el impulso de ciertas innovaciones: nuevas formas de organización empresaria, de gestión de la fuerza de trabajo y de organización del trabajo.
A pesar del desempleo y la precarización, los trabajadores no han dejado de valorar el trabajo como fuente de identidad, de desarrollo de su personalidad, de medio para la inserción en la sociedad. Las demás actividades, no consideradas propiamente trabajo, se han revalorizado respecto del trabajo asalariado y van ocupando una proporción cada vez más grande del tiempo y del mundo de vida de las personas. De manera individual y por medio de sus sindicatos, importantes sectores de trabajadores de esos países buscan cada vez más-aunque hasta ahora infructuosamente- que el trabajo asalariado tenga mayores garantías de estabilidad y de promoción (aún implicando cambios de puestos de trabajo), valorice calificaciones, experiencia y competencias adquiridas, sea calificante, les deje espacio para la autonomía, la creatividad y la expresión de la personalidad en la concepción y ejecución, es decir, tenga un sentido y sea creador de identidad. Las centrales nacionales afiliadas a la Confederación Europeas de Sindicatos son una prueba de ello. Sin embargo, no ha desaparecido el "núcleo duro" de empleos, sino que se ha reducido concentrándose en los mercados "internos y primarios" y, en un mercado segmentado, ahora comparte posiciones con las formas particulares de empleo y con todas las modalidades de empleo precario y flexibilizado en los mercados de fuerza de trabajo "secundarios y externos".
En nuestros días se verifica la creciente valoración subjetiva de todas las actividades humanas fuera del trabajo, al mismo tiempo que el refortalecimiento del individualismo y de la conciencia reflexiva, la crisis de las identidades como fruto de la transición desde formas identitarias comunitarias hacia las formas societales (Dubar, 1999) y la importancia creciente de las dimensiones subjetivas y de las vivencias de los trabajadores. Las experiencias europeas de reducción legal del tiempo de trabajo van creando las condiciones para permitir a los asalariados participar más activamente en "el mundo de la vida": la vida doméstica, social, ciudadana, política. Pero el reconocimiento de que los trabajadores (además del trabajo productivo) realizan otras actividades diversas, no implica que el trabajo humano sea "un valor en vías de desaparición" o que haya perdido vigencia la "sociedad salarial o "sociedad del trabajo".
En la historia de la humanidad, la revolución industrial produjo un fuerte deterioro de las condiciones y medio ambiente de trabajo anteriores, y en su primera etapa generó un elevado desempleo, creando las condiciones para el surgimiento del movimiento obrero. Con el desarrollo del capitalismo industrial surgió la clase trabajadora asalariada y se instauró una relación salarial. Las inhumanas condiciones de trabajo y de vida a las cuales estuvo sometida, impulsaron su oposición y organización en sociedades de resistencia, uniones y sindicatos, cuyas luchas y reivindicaciones asumidas, apoyadas o acompañadas por partidos políticos vinculados al movimiento obrero, dieron como resultado el reconocimiento del poder público del derecho a asociarse profesionalmente, la constitución del derecho laboral (individual, colectivo y de la seguridad social), una mayor independencia personal frente a las clases dominantes y el Estado, el mejoramiento de los salarios directos e indirectos y lar educción de las desigualdades sociales, conquistas que sentaron las bases para dar nacimiento a la democracia moderna y a períodos prolongados de expansión económica.
En los países capitalistas industrializados las reivindicaciones de los trabajadores organizados se han desplegado, desde hace un cuarto de siglo a pesar de la crisis por la que atraviesan, como lo testimonian las investigaciones desarrolladas. A las reivindicaciones tradicionales fuertemente cuestionadas por la crisis (reconocimiento legal de su papel representativo y para negociar colectivamente, defensa del empleo, mejoramiento salarial, ampliación de la seguridad social, mayor protección contra los riesgos profesionales) se agregan ahora las que se refieren a las condiciones y medio ambiente de trabajo, a la autonomía y responsabilidad en la ejecución del trabajo, al reconocimiento social tanto dentro de la empresa (por sus pares y la jerarquía) como hacia afuera de la misma, por los proveedores y clientes o usuarios, y el derecho a participar por medio de representantes en la adopción de decisiones en la gestión empresarial.
Pero por impulso de los empresarios, las innovaciones organizacionales, primero en el proceso de trabajo con el taylorismo y luego mediante la mecanización y la instauración de la producción masiva de productos homogéneos (fordismo), incrementaron la productividad, reduciendo el tiempo de trabajo incorporado en cada unidad de producto; esto permitió reducir la duración de la jornada de trabajo e incrementar las remuneraciones salariales, sin impedir el crecimiento de las tasas de ganancia ni la continuidad del proceso de acumulación (Neffa, 1999).
Como era condiciones propias del trabajo asalariado la heteronomía, la subordinación, la alienación e incluso la explotación, el derecho individual y colectivo del trabajo se justificó para compensar esos desequilibrios, poner límites a ola arbitrariedad de los empleadores, convirtiendo progresivamente a los asalariados en sujetos de derecho (Suppiot, 1996). Con la emergencia de la nueva relación salarial, los procesos de selección y reclutamiento las empresas son más exigentes respecto de sus trabajadores en términos de edad, nivel educativo, formación profesional, competencias y capacidad de adaptación aunque no garanticen a cambio ninguna seguridad en el empleo. Deja así de tener vigencia el principio fundador de la relación salarial fordista: el intercambio entre subordinación, aceptación del proceso de trabajo y de la disciplina (por parte de los trabajadores asalariados) y la estabilidad, altos salarios y protección social ( a cargo de los empleadores). Se exige ahora un mayor involucramiento del trabajador, su aceptación de diversas modalidades de flexibilidad y la movilidad, pero en un contexto de precaridad.
El derecho del trabajo que se va construyendo en los países miembros de la Unión Europea para hacer frente a esta nueva situación tiene una amplitud que incluye el trabajo no mercantil, da igualdad de posibilidades para hombres y mujeres y valoriza la formación continua; es decir, asegura la continuidad de una trayectoria profesional más que la estabilidad en un mismo puesto de trabajo y busca proteger al trabajador, asalariado o no, en las fases de transición que transcurren entre varios empleos, el desempleo, períodos de formación y reconversión, sin interrumpir la carrera profesional entre un empleo y otro. Ese nuevo estatuto profesional debe fundarse no ya en la noción restrictiva del trabajo asalariado. Para Alain Suppiot, el trabajo se distingue de la actividad porque responde a una obligación, suscripta voluntariamente o impuesta legalmente, que puede ser determinada a título oneroso o gratuito, vinculada con la norma legal (un convenio colectivo de trabajo, un estatuto profesional, o simplemente mediante un contrato de trabajo formalizado o implícito). El trabajo asalariado se inscribe siempre en una relación que otorga derechos inherentes al estatuto profesional de las personas, mientras que los derechos sociales son independientes de ese estatuto.
En la cuarta parte, se intenta una síntesis que comprenda a las anteriores: el trabajo es un valor que permanece a pesar de sus transformaciones. Es un derecho y no sólo un deber social. Su valor consiste en que por el dominio y la transformación de la naturaleza, el trabajo es una actividad creadora de bienes y de servicios sin los cuales no podría asegurarse la vida ni la reproducción de la especie. Facilita la inserción social y permite, por medio de los ingresos salariales, o del seguro o subsidio a los desocupados, la obtención de recursos para sobrevivir autónomamente sin depender de la beneficencia o del esfuerzo de otros. Es una actividad donde los hombres desarrollan las diversas dimensiones de la personalidad y contribuye a construir la identidad profesional. Por su dimensión social, se lleva a cabo en un colectivo de trabajo, entidad nueva generada por los lazos e inter-relaciones de coordinación y de cooperación, creando así las bases objetivas para instaurar la solidaridad entre los trabajadores de una misma unidad productiva. Los trabajadores adquieren trascendencia pues sus obras van a perdurar, mucho más allá de la vida física de sus creadores y de las fronteras geográficas de ejecución.
La nueva lógica de producción y de funcionamiento que ha adoptado desde hace varias décadas el modo de producción capitalista no permite sin embargo que los trabajadores encuentren u otorguen siempre un sentido a su trabajo ya que el mismo sigue basado en la heteronomía, la dominación, la subordinación y la extracción de plus valor, provocando la explotación, el extrañamiento y la alineación de los trabajadores asalariados.
En función de lo anterior, cabe citar a Déjours y Molinié, 1995, cuando intentan dar una respuesta a la aparente contradicción: "si bien la relación salarial ha evolucionado desde la consolidación del capitalismo y sigue transformándose en nuestros días, "el trabajo no es un valor en vías de desaparición", ni "una simple categoría histórica" susceptible de desaparecer; constituye una real necesidad de los seres humanos y por esa causa está en la esencia misma de la naturaleza humana.
Es a partir del fortalecimiento de la conciencia de sí, para sí y para los otros que los trabajadores establecen consigo mismos y con los demás, de la solidez de su organización, y de la coherencia de sus reivindicaciones para obtener el pleno reconocimiento de la dignidad y de los derechos que emanan del trabajo, que podrán reencontrar el sentido a su trabajo y convertirlo en una fuerza emancipadora.
Lic. Graciela
Landriscini
6 de diciembre de 2003
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PIETTE CONICET
http://www.ceil-piette.gov.ar/docpub/docpiette/resenas/trabhum.html
Puesto en línea: 16 enero 2004