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François Eymard-Duvernay Economía política de la empresa Traducción de Lucía Vera Miño y Dávila, CEIL-PIETTE/Trabajo y Sociedad,
Buenos Aires, 2008, 127 págs, |
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I N D I C E Introducción 1/La empresa liberal 2/ La empresa jerarquizada 3/ La empresa inteligente 4/ Las instituciones de la empresa: las convenciones 5/ La empresa capitalista en la ciudad |
François Eymard-Duvernay
La empresa es una institución económica importante; como marco de la producción y del trabajo es el lugar principal de creación de riquezas. La empresa capitalista, basada en capitales a los que debe valorizar, es la forma más extendida de empresa en las economías modernas. Proviene de una larga historia jalonada por la implementación de un estatuto salarial, el desarrollo de medios de financiamiento (crédito bancario, mercado financiero), la formación de una clase de managers asalariados. Actualmente sufre una renovación profunda. La liberalización de los mercados financieros indujo un poder creciente de los accionistas, a partir de una situación en que los managers tenían una cierta autonomía en la dirección de los negocios. La mundialización de las economías y la intensificación de la competencia cambiaron profundamente los modos de organización, lo que trajo como consecuencia reestructuraciones y fragilidad de la condición salarial, que se manifiestan en la multiplicación de los contratos precarios y en el desempleo.
Paradójicamente, la teoría económica le da poco lugar a la empresa, lo que constituye una fuerte desventaja para el análisis de las sociedades modernas. ¿Cómo puede explicarse esta carencia? Los fundadores de la economía política, desde los autores clásicos a Marx, le daban una gran importancia al análisis de la actividad productiva y del trabajo. A. Smith [1776] abre la Riqueza de las Naciones con el capítulo “De la división del trabajo”, referido a la organización del trabajo en las manufacturas. Marx analiza la acumulación del capital, posible gracias a la plusvalía engendrada en la explotación del trabajo. La teoría neoclásica dio un giro, ya que al centrarse en los mercados y en el consumidor abandonó el análisis de las actividades productivas. También hay una tensión dentro de la teoría económica entre los análisis del capitalismo provenientes de las tradiciones clásica y marxista y los que se mantienen en la perspectiva neoclásica. Los primeros le otorgan un lugar central a la empresa en el desarrollo económico, mientras los segundos la reducen a un agente que actúa en los mercados, siendo la eficiencia de los mercados la principal condición para la eficiencia económica. La corriente neoclásica, ahora ampliamente dominante, trató de remediar la carencia de la teoría de los mercados desarrollando una herramienta capaz de analizar las relaciones de la empresa, que es la teoría de los contratos. Pero veremos que esta herramienta amplía el modelo del mercado, en vez de constituir un nuevo marco de análisis capaz de dar cuenta de la actividad productiva.
Este libro explora las investigaciones que permiten volver a fundar una teoría moderna de la empresa, llenando así las lagunas de la economía neoclásica. Hemos utilizado la expresión “empresa capitalista”; expresión fuertemente ligada a la controversia que hubo entre capitalismo y socialismo, y que tiene una connotación crítica respecto del capitalismo, proveniente del marxismo. El contexto de este libro es muy diferente. Pero tal expresión remite a una realidad tangible, plenamente reconocida por los propios actores y por los analistas más clarividentes: designa una forma de producción históricamente ubicada en el tiempo, que ha tenido y sigue teniendo un papel considerable en el desarrollo económico. En lo que sigue utilizaremos con frecuencia el término “empresa”, sin otra precisión, pero claramente nos referimos a esa forma de empresa.
La empresa no será abordada únicamente como un ámbito especializado en el seno de la teoría neoclásica. Porque para comprender a la empresa es necesario reorganizar profundamente la teoría neoclásica, lo que supone adoptar una perspectiva amplia. Este libro se ubica en el punto de encuentro entre la economía y la sociología política. Así nos reconciliamos con la raíz política de la economía. La economía política es, en su origen, una rama de la filosofía política. Se refiere al modo de gobierno de las naciones, y si bien es cierto que considera principalmente su riqueza material, también reconoce la dimensión política de la cuestión. Así el Mercado es mirado como una forma más avanzada de gobierno que el Antiguo Régimen, porque hace posible la liberación del individuo. El empresario ya no está sometido a las directivas del Estado, el trabajador ya no está encerrado en las corporaciones. El liberalismo es la traducción política de este pensamiento. La empresa capitalista introduce una tensión en esta perspectiva política. En efecto, la concentración de masas de capitales en una misma entidad y el sometimiento de los asalariados a la autoridad jerárquica del empleador chocan directamente con la visión liberal, que postula individuos libres e iguales. Esta tensión en el seno del liberalismo constituye el núcleo de esta obra.
Nuestro enfoque de economía política incorpora las preguntas familiares para el economista de hoy: preguntas sobre la incitación (¿cómo hay que pagar las remuneraciones para que los agentes produzcan lo más posible?) y sobre la coordinación (¿cómo debe organizarse la información para que la empresa sea eficiente?). Pero quedarse en este nivel resultaría muy reductor. Las empresas son sociedades humanas y su coherencia, sin la cual se derrumban, no puede reducirse a mecanismos de incitación y de coordinación. Evitar esa reducción es el propósito de la dimensión política del análisis:¿qué forma de gobierno les permite a los agentes reconocer una pertenencia común y buscar el bien común, a pesar de sus conflictos de intereses?
En una primera etapa (capítulo 1) analizamos el enfoque liberal de la empresa, que nos servirá de referencia en todo el libro. Este análisis se apoya en una concepción del hombre bien conocida: un individuo autónomo, que trata de optimizar su bienestar personal y utiliza para ello medios racionales. La forma social que se adapta a este individuo es el mercado o, en un nivel más macroeconómico, el contrato, forma de relación sobre la cual se centra hoy en día la teoría neoclásica de la empresa. Sin embargo, veremos que el contrato no basta por sí mismo, como desde hace mucho lo han mostrado las corrientes críticas internas de la disciplina, o externas (como la sociología). Una segunda etapa (capítulo 2) consiste en introducir una jerarquía en la empresa, con el fin de tomar mejor en cuenta el poder de los managers y el vínculo de subordinación inherente al contrato de trabajo. Pero también hay que revisar el análisis del comportamiento individual, la teoría de las decisiones racionales (capítulo 3). Toda una tradición de pensamiento ha cuestionado la idea de un individuo autónomo, fuente última de conocimiento y de valores. ¿No debería heredar el lenguaje, en particular, para ser capaz de hacer lo que sea? Por lo tanto, está lejos de haberse formado con anterioridad a toda sociedad; sería más bien la sociedad quien lo informa y lo forma. La empresa adquiere entonces una apariencia completamente distinta: es un lugar de formación de las competencias individuales. Pero no puede ser reducida a un sistema de información, por más perfeccionado que sea. Más allá de los problemas cognitivos, hay que analizar las formas políticas de las relaciones entre actores y, en particular, de la relación salarial. ¿Por qué los trabajadores se comprometen con su trabajo, a pesar del vínculo de subordinación que caracteriza a la empresa capitalista? El capítulo 4 introduce en el análisis económico una nueva entidad: la institución. Nosotros utilizamos un enfoque específico dentro de la teoría de las instituciones, el de la economía de las convenciones. Las convenciones, formadas históricamente, instauran jerarquías en la sociedad, fijando colectivamente qué es lo que vale. La pluralidad de convenciones permite dar cuenta de la flexibilidad de la empresa capitalista, capaz de adaptarse a los cambios de la sociedad, de integrar nuevos valores y así perdurar, al mismo tiempo que innova. Para movilizar a los trabajadores, a pesar de la situación de dependencia que les es propia en la empresa capitalista, una convención debe ser legítima, es decir, respetar principios de justicia. El capítulo 5 profundiza esta cuestión.
Al término de este recorrido de economía política, podremos llegar a una mejor comprensión del debate sobre el modo de gobierno de la empresa. La visión liberal desconoce las asimetrías inherentes a actividades que requieren la concentración de capitales importantes. Sobrestima la autonomía de sus conocimientos, fruto de transferencias interindividuales, transgeneracionales e intersocietales. El vínculo social en la empresa no puede apoyarse entonces en un contrato entre individuos. Sería mejor hablar de contrato social, en una continuidad con las filosofías políticas del mismo nombre, para tomar en cuenta las instituciones que fundamentan el vínculo social. No se trata, sin embargo, de oponerse a la autonomía individual, sin la cual no se podría desarrollar ninguna actividad económica, sino de reconocer que esta autonomía, que no es innata, se adquiere en la sociedad. La empresa, una institución central en esta función de construcción del vínculo social, debería tener una forma de gobierno a la altura del desafío. Veremos como conclusión que la crisis actual del vínculo salarial pone otra vez en debate esta cuestión.
No era posible dar un panorama completo de los enfoques de la empresa en el conjunto de las disciplinas. Hemos privilegiado entrar por la teoría económica, al mismo tiempo que mantenemos una posición crítica sobre las soluciones adoptadas por esta teoría, lo que nos llevó a apoyarnos en otras disciplinas, como las teorías cognitivas, las investigaciones en gestión y la sociología política.
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© CEIL PIETTE CONICET
http://www.ceil-piette.gov.ar/docpub/docpiette/libros/ecopolemp.htm
Puesto en línea: 29 julio 2008