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Robert Boyer y Julio Neffa (coordinadores)
con la colaboración de
Saúl Keifman, Luis Miotti, Carlos Quenan y Mario Rapoport

La economía argentina y su crisis (1976-2001):
visiones institucionalistas y regulacionistas

Miño y Dávila, CEIL-PIETTE, Caisse de Depôts et Consignations, Buenos Aires, 2004, 761 págs
ISBN 84-952-94-680


I N D I C E

Prefacio - Julio César Neffa y Leonardo F. Pérez Candreva

- Parte I- La crisis en su perspectiva histórica
1. Notas para una comparación entre la crisis argentina actual, la de 1890 y la de 1930 - Mario Rapoport
2. Una revisión de las crisis económicas argentinas desde la Teoría de la Regulación - Demian Tupac Panigo y Edgardo Torija Zane
3. Análisis de las grandes crisis estructurales: el caso de la Argentina - Luis Miotti y Carlos Quenan

- Parte II -La relación salarial, empleo y salarios
4. La forma institucional relación salarial y su evolución en la Argentina desde una perspectiva de largo plazo - Julio César Neffa
5. Reformas estructurales, convertibilidad y mercado de trabajo - Luis Beccaria
6. Conflicto de clase, salarios y productividad. Una mirada de largo plazo para la Argentina - Mariano Féliz y Pablo Ernesto Pérez
7. La seguridad social médica y la evolución de su organización - Susana Belmartino

- Parte III -La transformación del Estado
8. Los impactos regresivos de las privatizaciones en la Argentina: ¿"errores de dise-o" o funcionalidad frente a los intereses del poder económico? - Daniel Azpiazu y Martín Schorr
9. Las cuentas poeblicas y la crisis de la convertibilidad en Argentina- Mario Damill, Roberto Frenkel y Luciana Juvenal

- Parte IV -La inserción internacional
10. Cambios microeconómicos y vulnerabilidad macroeconómica: insumos importados, incrementos de productividad y desempe-o exportador en la Argentina de los noventa - Facundo Albornoz, Paula Espa-ol y Yannick Kalantzis
11. Una puesta en perspectiva de la industrialización sustitutiva de importaciones: los orígenes estructurales e históricos del rezago de la Argentina- Andrés López
12. Debilidades de la inserción comercial de la Argentina 1976-2003 - Andrés Musacchio
13. Inserción internacional y formas de competencia durante los 90: el caso de las inversiones extranjeras directas en las industrias agroalimentarias argentinas - Pablo José Lavarello

- Parte V - La moneda y las finanzas
14. La cuestión fiscal, huella de la historia política y económica - Jorge Gaggero
15. Argentina, laboratorio de la financiarización de las economías en desarrollo - Leonardo Bleger
16. Las lecciones de la caja de conversión de Argentina - Jorge E. Carrera
17. Crisis fiscal y rol de la moneda. La experiencia argentina de la década de 1990 - José A. Sbatella

- Parte VI -Las dimensiones regionales
18. El modelo económico-social de la década de los noventa y su expresión regional - Alejandro Rofman

- Parte VII -Las relaciones entre la política y la economía
19. Sobre el concepto de crisis política - Stefano Palombarini
20. Un modelo cultural en una Argentina siempre en crisis - Osvaldo Battistini
21.La convertibilidad como síntoma social (el ̉caso" Argentina) - Luis Blaum

- Parte VIII - Análisis neoclásicos, enfoques cepalianos y regulacionistas: desacuerdos y convergencias
22. Regulacionismo y Escuela latinoamericana del desarrollo (la visión institucionalista al servicio de la integración latinoamericana) - Armando Di Filippo
23. Estudio de la crisis argentina: ¿por qué deberíamos concentrarnos en el desempe-o exportador? - Yannick Kalantzis
24. La larga gestación de la reciente crisis argentina - Daniel Chudnovsky
25. La crisis de Argentina, el gobierno de Kirchner y las perspectivas de salida - Saoel Keifman
26. Régimen de convertibilidad, acumulación y crisis en la Argentina de los a-os noventa. Un enfoque en términos de formas institucionales - Benjamin Coriat
27. La crisis argentina pone a prueba las teorías económicas contemporáneas - Robert Boyer

Conclusiones. La crisis argentina (1976-2001): lecturas institucionalistas y regulacionistas - Robert Boyer y Julio César Neffa

Prefacio

Julio César Neffa y Leonardo F. Pérez Candreva

El Seminario Internacional sobre "La economía argentina y su crisis (1976-2003). Confrontación de investigaciones institucionalistas francesas y argentinas" se llevó a cabo los días 1 y 2 de septiembre de 2003 en la Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad de Buenos Aires y concluyó el 3 de septiembre en el Centro Cultural General San Martín con un rico intercambio entre destacados participantes.

La organización fue el resultado de un trabajo colectivo a cargo del CEIL-PIETTE del CONICET, el Instituto de Investigaciones de Historia Económica y Social y la Maestría en Economía de la Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad de Buenos Aires (UBA) y el CEPREMAP (Centre d´Etudes Prospectives d´ Economie Mathématique Apliquées à la Planification) Unidad de Investigación Nº 922 del CNRS de Francia. Contó con el apoyo del Servicio Cultural de la Embajada de Francia y de la Caisse de Depôts et Consignations (CDC) que costeó los viajes y estadía de la mayoría de los investigadores franceses. Entre los auspiciantes estuvo la Asociación Trabajo y Sociedad y el Instituto Argentino de Desarrollo Económico (IADE). La coordinación del evento estuvo a cargo de los doctores Robert Boyer, Saúl Keifman, Julio C. Neffa y Mario Rapoport y contó con el apoyo de los doctores Carlos Quenan y Luis E. Miotti. El Lic. Leonardo F. Pérez Candreva cooperó activamente en la organización del evento y compilación de la publicación.

Este seminario posibilitó una reflexión en común a partir de las actividades desarrolladas desde comienzos de 2002, tanto en el CEPREMAP por medio del "Atelier Argentine", que desde hace un lustro reúne periódicamente en Francia a investigadores de ambos países y es coordinado por el Dr. Pascal Petit (CEPREMAP), como en el CEIL-PIETTE del CONICET dentro de las áreas "Empleo, desempleo y políticas de empleo" y "Trabajo e innovación en las nuevas teorías económicas".

En la primera jornada, dedicada a la "Historia de las formas institucionales: un cambio en la jerarquía", las ponencias se refirieron a la perspectiva histórica y teórica la crisis argentina, la relación salarial, el empleo y el salario, las formas de competencia e inserción internacional y finalmente el régimen monetario y el régimen financiero; en la segunda, "Estado, política económica y modo de desarrollo. Una crisis estructural que se inscribe en la historia larga", se trataron los temas análisis de gasto público, fiscalidad y moneda, Los servicios públicos y la cobertura social, El impacto de las políticas sobre el modo de desarrollo y La formación de la política económica. En la tercera se llevaron a cabo intercambios entre autores regulacionistas, que expusieron las conclusiones del seminario, y otros economistas de enfoque heterodoxo incluyendo economistas de la CEPAL y los principales inspiradores del Plan Fénix, representados por los Dres. Aldo Ferrer y Saúl Keifman. Se pusieron en evidencia los puntos de convergencia y de complementariedad.

Los objetivos propuestos eran ambiciosos: tratar de analizar y comprender las causas y la dinámica adoptada por una crisis que, además de ser la más grave y larga de la historia argentina, señalaba el final de un modo de regulación y de un régimen de acumulación, basados en la convertibilidad del peso con una tasa de cambio fija con respecto al dólar norteamericano que se apreció fuertemente con relación a otras monedas. Se buscaba además verificar la aplicabilidad y la pertinencia de enfoques teóricos heterodoxos para analizar la dinámica económica y sus crisis en un país capitalista semi-industrializado. Creemos que gracias a la participación de investigadores de varias disciplinas ambos objetivos fueron ampliamente alcanzados.

Esta publicación da cuenta de las presentaciones realizadas por los investigadores europeos y argentinos en ambos eventos. El orden de las exposiciones orales aparece modificado con el fin de considerar las contribuciones escritas y encontrar una secuencia lógica entre los componentes del modo de regulación y del régimen de acumulación, que si bien se distinguen teóricamente, a menudo fueron ambos evocados de manera directa o indirecta por la mayoría de los expositores.

Los compiladores del libro queremos agradecer públicamente el apoyo prestado por los organizadores y los auspiciantes, que además de tomar a su cargo la presencia de colegas no residentes en Argentina, pusieron a nuestra disposición locales, infraestructura, secretariado y la creación de un ambiente académico cordial, pluralista y multidisciplinario, propicio al intercambio, la crítica y la reflexión, que dejaron abiertos numerosos interrogantes seguramente para ser tratados en próximas reuniones.

La publicación que ofrecemos para su discusión está estructurada en grandes ejes temáticos: en la primera parte se sitúa la crisis desde una perspectiva histórica y se analiza la evolución y las transformaciones de las principales formas institucionales y el cambio de su jerarquía: la relación salarial, el Estado, la inserción internacional, la moneda y las finanzas, poniendo de relieve las nuevas dimensiones del problema regional argentino. Luego se ponen en evidencia las relaciones que se habían establecido entre la política y la economía, se muestran las similitudes y diferencias de la Teoría de la Regulación (TR) con la Escuela Latinoamericana de Desarrollo gestada en la CEPAL; concluye con varias interpretaciones sobre la crisis, sobre la base de que se trató de una crisis del modo de desarrollo.


1. La crisis en su perspectiva histórica

Mario Rapoport (investigador del CONICET, director del IIHES y profesor de la Facultad de Ciencias Económicas de la UBA), inició el seminario situando la presente crisis del modo de desarrollo en una perspectiva histórica larga, cuyos orígenes se encontraban a mediados de la década de los años setenta, cuando emergía la crisis internacional del régimen de acumulación fordista, se manifestaban los impactos de los shocks petroleros y comenzaban a producirse cambios políticos de orientación neo-liberal, dentro de los cuales fue paradigmático el golpe militar argentino de marzo 1976. Una parte sustancial de su contribución consistió en comparar las crisis de 1890, 1930 y 2001 estableciendo una relación entre la economía argentina y las de los países dominantes en cada época.

Edgardo Torrija Zane (doctorando y docente de la UBA) y Demián Tupac Panigo (doctorando, docente de la Universidad Nacional de La Plata -UNLP- y miembro del CEIL-PIETTE), hicieron un importante aporte pasando revista a las crisis económicas argentinas, analizándolas de manera sistemática a partir de las investigaciones realizadas por varios autores regulacionistas, en particular la tesis de doctorado de Luis E. Miotti (1991) y el libro resultante de una investigación desarrollada en el CEIL-PIETTE por Julio C. Neffa (1998). La utilización de las categorías teóricas así como la aplicación de la metodología propuesta por la TR les permitieron desarrollar enfoques coherentes y complementarios, profundizando el primer autor los provenientes del régimen de acumulación y el segundo los derivados del modo de regulación. Torrija Zane y Panigo describen los diversos tipos de crisis y las clasifican distinguiendo las del modo de regulación y las del régimen de acumulación y prestando especial atención a dos de ellas: el período que se inicia con el golpe militar de 1976, y el que lo hace con la crisis hiperinflacionaria en 1989 más competitivo, intensivo y extravertido que los anteriores.

Las características transversales de las crisis se vinculan con el modo de regulación vigente en cada período, competitivo o monopólico, las características extensivas o intensivas del régimen de acumulación y la determinación de las tasas de inversión en función de la tasa de ganancias o por la dinámica de la demanda.

Luis Miotti (docente de la Univ. de Paris XIII) y Carlos Quenan (docente del IHEAL de la Univ. Paris III, e investigador de la CDC) propusieron un enfoque de largo plazo de la crisis, definiéndola como de carácter estructural, dejando de lado otros que atribuyen su origen a simples crisis exógenas, a problemas presupuestarios o a la corrupción sistémica. Para ello periodizan en el largo plazo diversas trayectorias de los modos de regulación y del régimen de acumulación argentino, y poniendo el acento en el período 1991-2001, establecen luego una comparación con los otros grandes países latinoamericanos. La fuerte divergencia entre las tasas de crecimiento de la productividad y el estancamiento de los salarios reales, así como el freno a las exportaciones y el déficit del comercio exterior, se aceleran desde 1993, preanunciando la crisis. Los autores señalan la inadaptación del modo de regulación para hacer frente a las crisis exógenas, debido a la convertibilidad y a la nueva inserción en el comercio internacional. La crisis de los años 1998-2001 seria entonces una nueva experiencia frustrada del paso de una acumulación extensiva a una intensiva; la primera habría sido autocentrada (1960-1974) mientras que ésta, la segunda, corresponde a una economía abierta.


2. La relación salarial

La forma institucional relación salarial, que había sido una de las más estudiadas originalmente tanto por autores argentinos como franceses, fue expuesta por tres autores: Julio C. Neffa (CEIL-PIETTE del CONICET y Prof. en la UBA y en la UNLP), completó y desarrolló teóricamente dicho concepto y luego lo aplicó al estudio de la realidad argentina con una perspectiva de largo plazo, identificando los cambios institucionales y de las normas de derecho individual y colectivo, que actuando conjuntamente con las reformas estructurales inspiradas en el "Consenso de Washington", desembocaron en elevadas y persistentes tasas de desocupación, subocupación, trabajo informal, trabajo no registrado y las diversas modalidades de trabajo precario; indagó su impacto sobre la distribución del ingreso, la pobreza y la indigencia social, que favorecieron la emergencia de nuevos movimientos sociales.

Luis Beccaria (U. N. G. Sarmiento y UBA) analizó la situación previa y posterior al régimen de convertibilidad en cuanto al mercado de trabajo, las relaciones sociales y la protección social, y estableció una estrecha relación de asociación y de causalidad entre las reformas estructurales, la convertibilidad y el mercado de trabajo. En las décadas pasadas, existía la subocupación pero la terciarización de la economía junto con el bajo crecimiento de la productividad frenaba el incremento de la desocupación al mismo tiempo que impedía el crecimiento de los salarios reales. Por eso la elasticidad del empleo respecto del producto se mantuvo estable y a un bajo nivel durante varias décadas. Los regímenes militares limitaron las actividades sindicales y la negociación colectiva, fijándose entonces los salarios por una decisión estatal, siempre por debajo del crecimiento de la productividad y de la inflación. Luego de la adopción de la ley de Convertibilidad, y a pesar del incremento del PBI y del control de la inflación, el aparato productivo tuvo escasa capacidad para generar empleos en número suficiente, que siguieran el ritmo de crecimiento de la PEA, con calidad y dotados de estabilidad, lo que dio lugar a la desocupación y la precarización.

Dentro del periodo 1991-2001 Beccaria identifica varias etapas y ciclos: de crecimiento (1991-1994), se crean muchos empleos al mismo tiempo que crece la desocupación; la fase recesiva (1994-1995) donde la desocupación alcanza su primer récord; la recuperación de 1996-1998 cuando se redujo el desempleo, y finalmente la fase recesiva (1998-2001). Pero al final del periodo además de la desocupación crecen la subocupación, las actividades informales, el trabajo no registrado y el trabajo precario. La inmensa mayoría de los pocos empleos creados fueron precarios, de carácter temporario, duración determinada y no gozaban de la protección social.

En su ponencia, Beccaria resume los rasgos del mercado laboral urbano de los años noventa, y pone de relieve la desocupación, precariedad, informalidad y subocupación y el desequilibro en materia de calificaciones, debido al impacto del cambio técnico; emerge así el problema del sesgo tecnológico y la sobrecalificación de los trabajadores con respecto a los requerimientos de los puestos de trabajo ofrecidos. Concluye analizando la evolución de los salarios según sectores y niveles de calificación y la creciente desigualdad en la distribución del ingreso y señalando la magnitud de las dificultades que sobre el mercado de trabajo generó la devaluación y la pesificación asimétrica.

Mariano Feliz (becario CONICET y docente en la UNLP) y Pablo Pérez (investigador del CONICET y docente en la UNLP), combinando teorías inspiradas en el marxismo abierto con enfoques poskeynesianos, estudiaron las relaciones entre productividad y salarios con una perspectiva de largo plazo, situándolas en el centro del conflicto entre clases sociales en diversos períodos. De dicho enfoque surgieron elementos confluentes con la TR para identificar los períodos de crisis derivados de una reducción de las tasas de crecimiento de la productividad. Concluyeron afirmando que la modificación de la evolución de los salarios reales y de la productividad entre períodos no son el resultado mecánico o de lógicas superestructurales, apoyadas en las leyes del mercado, sino de un cambio en la correlación de fuerzas sociales y las relaciones de poder entre capitalistas y asalariados, de la existencia de un "ejército industrial de reserva", de la composición orgánica del capital y de la intervención del Estado para crear formas institucionales, en su imposibilidad de quedar por encima de los conflictos y la lucha de clases. De las estadísticas procesadas surge que en muy pocos momentos de la historia económica y social argentina los salarios reales estuvieron cierto tiempo por encima de la productividad: eso ocurrió durante los dos gobiernos peronistas de la inmediata posguerra, lo que coincide con la vigencia de gobiernos constitucionales, casi pleno empleo, fuerte organización de los trabajadores representados por una CGT y la presencia de partidos nacional-populares en el gobierno, que introducen cambios institucionales y legislativos favorables a la redistribución del ingreso. Esta situación fue la que provocó reacciones de otros grupos sociales, buscando su desestabilización.

Susana Belmartino (docente e investigadora de la U.N. de Rosario) se refirió a los cambios operados durante la década de la convertibilidad en el sistema de salud, cuando entraron en crisis tanto el sector público, debido a la reducción del gasto publico social y a la descentralización, como las obras sociales sindicales -por las dificultades generadas por la corrupción durante las intervenciones designadas por la dictadura militar y por las fuertes tasas de desocupación y la caída de los salarios reales- todo lo cual abrió un amplio espacio para las empresas prestatarias de servicios privados de salud.


3. La transformación del Estado

Daniel Azpiazu y Martín Schorr (investigadores del CONICET en FLACSO y docentes de la UBA) analizaron los impactos regresivos de las privatizaciones llevadas a cabo en la década pasada, considerados como un shock institucional neoliberal que redujo el papel del Estado, con predominio de empresas transnacionales y grandes grupos económicos nacionales y de una lógica de valorización basada en el capital financiero. Dicho proceso estuvo en el origen de la concentración y centralización del capital, dando lugar a oligopolios en varias ramas productoras de bienes y de servicios, a lo cual se sumó la constitución tardía de los débiles entes reguladores que además no creaban restricciones al poder y privilegios otorgados a las empresa privatizadas. Hubo una serie de graves errores de diseño en cuanto a los sistemas de regulación tarifaria (fijados en dólares) que dieron lugar a elevadas tasas de ganancia, a una fuerte demora para trasladar a las tarifas las ganancias de productividad logradas y la aplicación de ajustes tarifarios según las tasas de inflación norteamericanas, superiores a las argentinas durante muchos años. Al desencadenarse la crisis, el default y la pesificación asimétrica, los gobiernos de los países de origen de las empresas transnacionales presionaron al gobierno argentino para conservar sus ventajas sin cumplir con la condición de revisión integral de los contratos como lo establecía la ley de Emergencia Económica.

Mario Damill, Roberto Frenkel y Luciana Juvenal (investigadores del CEDES y docentes de la UBA) estudiaron las cuentas públicas relacionándolas con la crisis de la convertibilidad. La imposibilidad de sostener una abultada deuda pública se debió a la suba de las tasas de interés, provocada por el elevado riesgo- país en un contexto de crisis financieras del sudeste asiático y de Rusia. El déficit fiscal creció esencialmente por el pago de los intereses de la deuda y por la privatización del sistema de seguridad social, que redujo los ingresos fiscales, proceso que se fortaleció por la disminución de aportes previsionales, debido al rápido crecimiento de la desocupación, los trabajadores informales y el trabajo no registrado. En porcentajes sobre el PBI, el déficit fiscal no parecía excesivo, aunque aumentó la deuda pública provincial al mismo tiempo que aumentaron los intereses de la deuda. Contrariamente al argumento ortodoxo que acusa al desequilibrio fiscal de ser la principal causa de la crisis, el acento lo ponen en la apreciación cambiaria y sus consecuencias, sobre la vulnerabilidad externa de la economía.


4. La inserción internacional

Facundo Albornoz, Paula Español (docentes de la U.N. Quilmes y doctorandos en la EHESS) y Yanick Kalantzis (docente y doctorando en la EHESS) abordaron temas centrales del régimen de acumulación, como son los cambios microeconómicos y la vulnerabilidad macroeconómica, tratando de responder con métodos econométricos a la pregunta sobre si facilitar la importación de bienes de capital e insumos de mejor calidad puede mejorar el desempeño exportador de las firmas (recurriendo a la competitividad no precios). Para responderlo utilizaron la información suministrada por el INDEC sobre mil trescientas firmas industriales para identificar las fuentes del crecimiento de la productividad y el incremento de las exportaciones durante el régimen de convertibilidad, en cuya primera etapa creció el producto, se redujo la inflación y la economía se abrió a los mercados internacionales. Concluyeron que si las reformas estructurales introducidas en los años noventa, con las facilidades otorgadas a los importadores de insumos y de bienes de capital, hubieran dado como resultados en el nivel de las firmas, mayores capacidades tecnológicas endógenas, incremento de la productividad y particularmente de las exportaciones en las ramas industriales más competitivas, el régimen de convertibilidad podría haber subsistido. Pero el comportamiento pro-cíclico recesivo iniciado en 1998 impidió concretar esa posibilidad.

Andrés López (profesor de la UBA e investigador del CENIT) se refirió a los límites del proceso de industrialización mediante sustitución de importaciones y los orígenes estructurales e históricos del rezago de Argentina respecto de otros países.

Entre 1976 y 2001 hubo un período de retroceso del proceso de ISI, hasta el punto de que, en 2003, el PBI per cápita en valores constantes era menor que el de 1976. En términos comparativos con los países capitalistas industrializados y los nuevos países industriales las tasas de crecimiento promedio del PBI, tanto globales como per cápita en las diversas etapas del proceso de ISI fueron bajas, y lo mismo había sucedido en cuanto a la productividad del trabajo y la performance en materia de exportaciones industriales. Las causas de tal rezago estructural se deben, para A. López, al predominio de comportamientos rentísticos entre los empresarios y a la falta de empresarios innovadores, schumpeterianos, que asignaran mayor importancia a los procesos de investigación y desarrollo, y no se limitaran a introducir ajustes menores en cuanto a los procesos y productos. La lenta difusión de las nuevas técnicas productivas y la insuficiencia en la creación nacional de tecnologías había generado una dependencia tecnológica con fuerte impacto en la balanza de pagos. Las Pequeñas y Medianas Empresas (PYME) no podrían jugar un papel determinante debido a que su equipamiento estaba obsoleto, su mix de producción excesivamente diversificado, tenían una baja experiencia exportadora, había reducidos niveles de cooperación entre firmas y una escasa interacción con instituciones del sistema de ciencia, tecnología e innovación. En dichas empresas los conocimientos estaban centralizados en la figura del propietario; durante el período de vigencia de la convertibilidad, dada la apreciación del peso, se incrementó la compra de equipos importados debido a la apertura y la baja de aranceles; se avanzó hacia la frontera tecnológica en varias ramas de actividad, pero por la dependencia tecnológica, predominaron las tecnologías adaptativas importadas, lo que no dio lugar a un proceso generalizado de aprendizaje en ese aspecto.

Andrés Musacchio (investigador del IIHES, del IMA y docente de la UBA), analizó la debilidad de la inserción comercial de Argentina en el período 1976-2003: la forma en que se desarrolló el proceso de ISI generó una creciente demanda de insumos y de bienes de producción importados, con un carácter pro-cíclico respecto del PBI, mientras que la mayor parte de las exportaciones mantuvo su carácter tradicional. Así, cada vez que se producía una crisis de la balanza de pagos se generaban restricciones para la ISI. Los procesos de mundialización y de financiarización de la economía impidieron que se adoptaran políticas coherentes de desarrollo de las exportaciones no tradicionales, aunque en varios períodos se trató de diversificar los mercados. Durante la última dictadura militar, las reformas financiera y arancelaria decididas en 1977 y 1978, redujeron los aranceles para los bienes de capital y procuraron insertar mucho más fuerte la economía argentina en la nueva división internacional del trabajo, procurando reducir los costos y acceder a mercados internacionales. La política de comercio exterior utilizó el "enfoque monetario de la balanza de pagos" y procuró una competitividad basada en los costos, para lo cual se requería el disciplinamiento social, derogar normas laborales consideradas costosas y rígidas y luchar contra la inflación, frenando los salarios. Pero en virtud del tipo de especialización productiva, basada en el uso intensivo de recursos naturales con poco trabajo incorporado, éstos en 1992 constituían el 60% de las exportaciones. Como se trataba de commodities cuyos precios se fijaban en los mercados internacionales, la caída de los mismos provocó que aunque aumentara el volumen de las exportaciones, en valores constantes el crecimiento fuera menor. Desde 1991 el funcionamiento de la economía tuvo un sesgo anti-exportador de productos manufacturados y se especializó en bienes con ventajas comparativas estáticas. Esta política de comercio exterior, que buscaba exportar para crecer, no permitió obtener de manera permanente el saldo positivo de la balanza comercial, que facilitara el pago de la deuda.

Pablo José Lavarello (investigador del IMA y docente de la UBA y UNLP) trata la inserción internacional y las formas de competencia durante los años noventa, poniendo el acento en las IED en las industrias agroalimentarias (IAA) argentinas, recordando el carácter trunco de la industrialización argentina, debido a la falta de encadenamientos entre las ramas productoras de commodities y el resto, proceso que estuvo asociado a la subordinación de la inserción de la economía argentina en calidad de exportadora de materias primas. Pero las reformas vinculadas con la convertibilidad estimularon las IED en las industrias agro-alimentarias (IAA), el petróleo, el gas y sus derivados, que más que crear nuevas empresas, procedieron a su compra y fusiones, concentraron el capital y no provocaron una disminución de la heterogeneidad entre ramas dinámicas y tradicionales, ni siquiera dentro de los complejos agroindustriales donde Argentina tenía ventajas absolutas. En el futuro, el mantenimiento del papel estratégico de las IAA de capital nacional dependerá de su capacidad para introducir innovaciones de productos y de procesos para desarrollar la "competitividad no costo".


5. La moneda y las finanzas

Jorge Gaggero (docente e investigador del CIEPP) observa en la economía monetaria y fiscal la huella de la historia política y económica, caracterizadas por la baja tasa promedio de crecimiento del producto en el largo plazo, el creciente endeudamiento externo, los procesos de nacionalización de la deuda privada por el BCRA a comienzos de los años ochenta, la ineficiencia del gasto público primario y su carácter regresivo. Por parte de las recaudaciones fiscales, su debilidad se debía al elevado nivel de evasión tributaria y aduanera (estimado en 40 % del PBI) y en cuanto a las reservas, su variación estaba relacionada con la tendencia a la fuga de capitales, que daba lugar a una elevada acumulación de stocks de activos argentinos en el exterior, estimado cerca del monto de la deuda externa. La deuda pública más la privada ascendió a 166.000 millones de dólares a fines de 2001 y los servicios de la deuda pública sumaban 12.000 millones por año. Paradojalmente, esta situación se pudo generar y mantener gracias al apoyo otorgado por el Plan Brady, el blindaje financiero pactado con el FMI y el posterior megacanje de la deuda externa.

Leonardo Bleger, (economista del Banco CREDICOP y profesor en la UBA), hizo una reseña de las reformas financieras y de las crisis argentinas, señalando el carácter específico de la de 1998-2001 calificada anteriormente por el FMI y el BM como caso ejemplar. Las reformas del sistema financiero tomaron un claro sesgo pro-mercado. Durante el período 1991-97 aumentaron los depósitos en valores absolutos y en proporción al PBI. Durante la vigencia del régimen de convertibilidad, la dolarización de activos y pasivos del sistema financiero no dejó de crecer. La banca extranjera apoyó las reformas estructurales, alcanzando niveles de participación en el mercado financiero sin precedentes si se compara la economía internacional, con un comportamiento pro-cíclico y sin que aquella suministrara una importante asistencia al país durante las crisis. Pero desde 1998, cuando empieza la recesión, los mercados financieros se caracterizaron por una alta vulnerabilidad, que dependía de los flujos cada vez más volátiles de capitales internacionales y el deficiente funcionamiento del mercado financiero, lo que provocó un elevado costo social en términos de cierre de empresas y desocupación. Por su nueva carta orgánica, el BCRA ya no actuaba como prestamista de última instancia, por lo tanto el costo del crédito local fue cada vez más elevado para el sector privado. Debido al proceso privatizador implementado en el sistema financiero decreció la participación de la banca pública (nacional y provincial) en el sistema financiero: pasó del 45% de los depósitos en 1991 al 32.4% al finalizar 2001 y al terminar el período sólo quedaron fortalecidos el Banco Nación, el Banco de la Provincia de Buenos Aires y el Banco de la Ciudad de Buenos Aries. Mirando hacia el futuro, Bleger afirmó que para salir de crisis se debería consolidar la recuperación del crédito, concluir la reestructuración de la deuda privada, aumentar los volúmenes de intermediación financiera en moneda local, construir un mercado de depósitos y créditos a largo plazo, asegurar la solvencia del sector bancario y hacer más eficiente la banca pública en procura de formular e implementar un sistema de asistencia financiera para las pequeñas y medianas empresas.

Jorge Carrera (profesor de la UNLP e investigador del Centro de Economía Internacional), expuso sobre las lecciones de la Caja de Conversión de Argentina. Sostuvo que puede ser interpretada como una estrategia amplia de reestructuración de la organización del trabajo social en la Argentina, que puso al conjunto del proceso de acumulación nuevamente bajo el comando del capital. Con un tipo de cambio fijo, se le prohibió al BCRA pagar intereses sobre los depósitos —reservas de los bancos comerciales, mientras debía respaldar el 80% de la base monetaria con reservas internacionales, lo que redujo su capacidad de financiar al gobierno o al sistema financiero (función de prestamista de última instancia). Durante ese período se redujo el déficit fiscal, debido sobre todo al incremento de la recaudación por el crecimiento del gasto público. Con la política global del estado argentino expresada mediante la convertibilidad, la única forma de financiar el déficit era contrayendo deuda. Se buscó concentrar la recaudación en unos pocos impuestos, pero se redujeron los ingresos provenientes del comercio internacional y los derivados de las privatizaciones se frenaron una vez concluidas. La deuda pública que en 1991 era el 41% del PBI, en 2001 ascendió al 53%, pero el total (pública más privada) creció todavía más en porcentajes, pasando del 32,7 al 52% del PBI. La convertibilidad pudo continuar después de la crisis mexicana, porque el ajuste se hizo sobre el mercado de trabajo, aunque no pudo ser tan importante como hubiera sido necesario para mantenerlo por más tiempo. Con la convertibilidad cambió la forma de financiar el déficit fiscal, pues en lugar de que el BCRA emitiera como en el pasado, se recurrió al endeudamiento y a la venta de activos, entrando en escena una nueva variable: el riesgo país. Para permanecer, la convertibilidad hubiera requerido un sistema tributario y fiscal más complejo, un fondo de reserva contracíclico y reglas estrictas sobre la velocidad de endeudamiento y debía haber capacidad para enfrentar los shocks externos, cosa que no sucedió desde 1978. El autor concluye que la convertibilidad frenó la inflación y aumentó las tasas de crecimiento entre 1991 y 1994, pero generó desequilibrios del comercio exterior, desempleo y una regresiva distribución del ingreso. Como en los principales países del mundo predominaba la flotación de las monedas domésticas respecto de las divisas y la devaluación es la estrategia normal de los países competidores, solo si hubiera una fuerte coordinación monetaria entre dólar, euro, yen y yuan, los países de tamaño medio podrían adoptar sin riesgo una de esa monedas internacionales, como referencia o moneda propia. Las uniones monetarias regionales pueden ser una alternativa.

José Sbatella (investigador del IEFE y docente de la UNLP), se refirió a la crisis fiscal y al rol de la moneda y luego de recordar los límites de la visión neoclásica, retomó la teoría regulacionista, según el enfoque de Bruno Théret, como un elemento de mediación social, entre el estado y la economía capitalista. La experiencia monetaria argentina y su crisis a fines de 2001 demostró que al reducirse los medios de financiamiento y de pago, se crearon las condiciones para la aparición de bonos provinciales y nacionales como una forma de hacer frente a los crecientes déficits fiscales y al agotamiento de las diversas fuentes de financiamiento, hasta el punto de que en julio de 2001 solo tres provincias usaban esas cuasi monedas; pero el fenómeno se generalizó desde esa fecha hasta la crisis y en noviembre 2001 circulaban ya once bonos provinciales y un bono nacional, las letras de cancelación de obligaciones provinciales (LECOP) que servían para pagar sueldos, aguinaldos, jubilaciones y también a proveedores, representaban casi el 30% del total de circulante en pesos. Como debido a la recesión, a las posibilidades de conversión y a la fuga de capitales, había disminuido el monto de las reservas en divisas, la emisión de los bonos permitió cubrir aproximadamente la mitad de la reducción del circulante a fines de 2001. La emergencia de varias monedas dentro del mismo territorio nacional era una muestra de la crisis del estado y de su fragmentación, de las dificultades para regular la moneda debido al nuevo papel asignado al BCRA renuente a asumir el financiamiento de una parte de la deuda pública. La crisis del estado nacional provocada por el fin del régimen de convertibilidad ocasionó la caída de los recursos fiscales y restricciones al acceso del crédito externo, mientras que la crisis de los estados provinciales provocó la caída de los recursos coparticipables y de los recursos propios, imposibilitando el acceso al crédito, interno y externo. Luego de la crisis y el cambio de gobierno, se firmaron acuerdos entre las provincias y el estado nacional para controlar la emisión y absorber paulatinamente los bonos, gracias al aumento de la recaudación y debido a la reducción del pago por intereses y amortizaciones de las deudas públicas provinciales en virtud del default. La experiencia del patacón en la provincia de Buenos Aires, que surgió como una necesidad, permitió hacer frente a la restricción de los medios de pago y al pago de los impuestos provinciales, la reanudación del consumo en el sector minorista tradicional, evitó la dolarización completa de la economía, eliminó la incertidumbre de los empleados públicos provinciales y municipales respecto del cobro de sus sueldos, con lo cual se frenó la recesión y se dinamizó la actividad económica sin provocar inflación.


6. Las dimensiones regionales

Alejandro Rofman (docente de la UBA e investigador del CONICET en el CEUR) centró su exposición en el modelo económico social de la década de los noventa y su expresión en el nivel regional, tomando la configuración de las regiones utilizada por el INDEC, señalando la especificidad productiva de cada una de ellas y las transformaciones operadas en las regiones extra-pampeanas. Su ponencia contribuyó a comprender la realidad regional que no siempre está presente en los enfoques macroeconómicos.

El nuevo modelo cambió las relaciones técnicas y organizativas de la producción buscando intensificar el trabajo e incrementar su productividad, aumentar la producción y reducir los costos, afectando así seriamente al tejido productivo y social regional. Por ejemplo, la producción algodonera y azucarera del noroeste recibió el impacto de la intensa mecanización de la recolección de la cosecha y del uso de agroquímicos, ante la emergencia de nuevos actores económicos; la producción arrocera y de cítricos de la mesopotamia se modernizó y orientó hacia la exportación; la producción de yerba mate se incrementó pero sin que la demanda creciera al mismo ritmo y en consecuencia cayeron fuertemente los precios afectando a los pequeños productores locales; la actividad vitivinícola de la región cuyana sufrió una profunda transformación, y aumentó su variedad y calidad, bajo el impulso de empresas modernas asociadas con capitales extranjeros. La actividad frutícola del norte patagónico se transformó bajo el impulso de nuevos agentes económicos que introdujeron nuevas tecnologías de producción y de gestión, desplazando o poniendo en crisis a los pequeños productores locales, a lo cual se agregaron los dramáticos impactos económicos y sociales de los procesos de privatización de las empresas petroleras, carboneras y gasíferas que desarticularon el sistema productivo en el nivel regional.

Ante la retirada del estado como productor y protector social, la concentración económica, la creciente heterogeneidad y desigualdad, la reprimarización, la dependencia de los precios internacionales por la paridad cambiaria, la expansión de la producción con bajos costos de países competidores y el endeudamiento al cual recurrieron los agricultores, se redujo la rentabilidad, sumió en la crisis a vastos sectores de productores pequeños y medianos se endeudaron y se incrementó la desocupación, la informalidad y la precariedad laboral de los asalariados, reduciendo su capacidad adquisitiva, estimulando las migraciones de campesinos hacia los centros urbanos, aumentando el número de pobres y excluidos; todas causas importantes para la emergencia de nuevos y dinámicos movimientos sociales en las regiones empobrecidas.


7. Las relaciones entre la política y la economía

Stefano Palombarini, (investigador del CEPREMAP y docente de Paris VIII) se refirió al concepto de crisis política, haciendo referencia a Argentina. La crisis económica es fácil de diagnosticar a la luz de indicadores relativos al PBI, la desocupación, la pobreza, el nivel del déficit público, el monto y la condición de pago de la deuda, el saldo negativo de la balanza comercial, etc. Pero se planteó las preguntas siguientes ¿cómo definir la crisis política, que no puede resumirse en la caída de un gobierno pero que impregna todas las relaciones sociales? Se puede suponer que la adopción de decisiones colectivas son propias del sistema político y pueden explicarse teóricamente recurriendo a enfoques funcionalistas, donde dichas decisiones responden mecánicamente a las del sistema económico, es decir que son exógenas. Según otras teorías, las elecciones políticas que se refieren a la economía tienen su propia e irreductible lógica, la búsqueda del poder para reproducir el sistema político. La experiencia italiana reciente ha demostrado que la crisis aparece como resultado endógeno de una dinámica política y económica, caracteriza la demanda política y la oferta política; se pudo ver cómo el gobierno buscaba un apoyo inmediato y excluía a los asalariados de los mecanismos del intercambio político. Cuando existe un conflicto social que puede ser regulado pero no eliminado totalmente, la crisis política es la crisis de un modo de regulación del conflicto social. Para Palombarini, la ideología es una primera esfera de regulación social, pues permite estructurar el conflicto. Las instituciones son las reglas del juego social; son compromisos institucionalizados que pueden tener una validez permanente, pero también ser olvidados provisoriamente o ser objeto de reformas. Por otra parte está la estrategia seguida por los decisores políticos. Para que una configuración político económica sea viable se requiere un bloque social dominante, una alianza social, sostenida por políticas públicas que se pueden validar políticamente. La crisis política se desencadena cuando para una configuración dada de instituciones sociales existe más espacio de mediación entre la expectativas sociales de los grupos políticamente dominantes y una fracción importante de los grupos dominantes se ve amenazada con pasar al lado de los dominados. Para salir de la crisis política, debería constituirse un nuevo bloque social dominante, con la exclusión de algunos grupos y la inclusión de otros, pero sin cambiar las instituciones ni las reglas. Otra posibilidad es que se cuestionen las reglas del juego social, no compatibles con la viabilidad del bloque dominante hegemónico y entonces las instituciones devienen objeto de lucha política. En ese caso la crisis se vuelve sistémica y depende del contexto macroeconómico.

Osvaldo Battistini (docente en la UBA e investigador del CEIL PIETTE del CONICET), enfocó las estrechas relaciones generadas entre la economía y la política en el marco de las transformaciones de la década de los noventa, criticando los enfoques cientificistas de contenido predominantemente cuantitativo, que no permiten captar plenamente la realidad y en particular se refirió a los acontecimientos que en el pasado han contribuido a segmentar la sociedad y a estimular el individualismo. Partiendo del tercer gobierno justicialista iniciado en 1973, recorrió la historia política buscando las dimensiones ideológicas y culturales que tanto en los gobiernos dictatoriales como constitucionales prepararon el camino para que la sociedad argentina incorporara dichos anti-valores y aceptara la adopción del régimen de convertibilidad que conllevó profundos cambios en las condiciones de trabajo y de vida de los trabajadores asalariados, cuestionando las instituciones y generando violencia tanto en la vida cotidiana como en el nivel social. Los cambios provocados en las formas institucionales y en el régimen de acumulación a partir de la ley de Convertibilidad, cambiaron la correlación de fuerzas en detrimento de los sindicatos y de los trabajadores asalariados, pero estimularon la emergencia de nuevos movimientos sociales encarnados en los desocupados, cambiaron sus herramientas de lucha, los objetivos y el espacio donde se desarrollaba el conflicto. La crisis política, social y económica desencadenada en diciembre de 2001 constituyó un punto culminante de la crisis del neoliberalismo y abrió el paso a un gobierno de transición, no generó un nuevo modelo de desarrollo. La crisis económica constituyó un desafío para el nuevo gobierno constitucional que debe enfrentarla con una débil base política, en un contexto donde la fragmentación social, la debilidad del movimiento sindical y los valores culturales impregnados de individualismo hacen difícil lograr los cambios institucionales y la concreción de compromisos necesarios para dar a luz una nueva regulación.

Luis Blaum, (investigador y docente de la U. N. de Tres de Febrero), recurriendo a conocimientos de la economía, la ciencia política y el psicoanálisis, se refirió a la convertibilidad como "síntoma social" para interrogarse sobre las condiciones que hicieron posible la adopción del "currency board", y la resistencia a abandonarlo, debido a la constitución de alianzas, tanto establecidas de manera plena desde antes o constituidas por medio de un proceso político ideológico con resultados contingentes. En el caso argentino, la crisis es antes que nada ética sostuvo. El dinero es visto como una promesa, una de cuyas funciones es ayudar a la coordinación de los intercambios económicos. La convertibilidad se adoptó para cortar el traumático proceso hiperinflacionario que cuestionaba las funciones del dinero, y adoptó la forma de un síntoma social, que amplió la función de "evitar seguir yendo a la guerra", que se perdía. Era el momento en que se caía el muro de Berlín y se hablaba del "fin de la historia". La convertibilidad aparece como una inversión, como la ley de leyes, una norma ante la cual se debía sacrificar todo y un régimen político-ideológico fuera del cual no habría otra elección posible. La sociedad funcionó "huyendo hacia adelante", aceptando la globalización, la degradación de la ética democrática, la crisis de representación y al final del régimen de convertibilidad hay un salto en el vacío; queda planteada la cuestión de saber si es posible, en Argentina, construir un proyecto capitalista democrático, con cierto grado de autonomía.


8. Análisis neoclásicos, enfoques cepalianos y regulacionistas: desacuerdos y convergencias

Armando Di Filippo (especialista de la CEPAL) indaga sobre las similitudes y diferencias entre la TR y la Escuela Latinoamericana del Desarrollo (ELD) centrando la atención en el estudio de las estrategias de integración. Bajo el impulso de Raúl Prebisch la ELD formuló una concepción de la economía mundial estructurada en centro y periferias, debido al impacto de progreso técnico y a los diferenciales de productividad entre centro y periferias, configurando la división internacional del trabajo y una especificidad en los países capitalistas de la periferia en cuanto a la distribución del ingreso y al régimen de acumulación. Para Di Filippo existen, sin que haya una coordinación estrecha entre sus impulsores, fuertes puntos de convergencia entre ambas teorías sobre todo por la importancia de las formas institucionales y su impacto sobre el régimen de acumulación, diferenciándose de los enfoques marxistas ortodoxos. Otra coincidencia se registra en el enfoque sobre las crisis estructurales, cuando afirma que a lo largo de la historia no se repiten de manera idéntica y en el rechazo a los determinismos económicos, cuando pone de relieve las articulaciones entre el proceso de desarrollo y los regímenes democráticos.

Ambas teorías ponen el acento en el estudio de las formas de apropiación de los incrementos de la productividad del trabajo y en su relación con el crecimiento del salario. Esta ponencia concluye con el examen de cada una de las formas institucionales, conceptos aportados por la TR, en dos tipos posibles de integración regional: unidimensional o mercadista y multidimensional o societal. Luego del colapso del régimen de convertibilidad, Argentina ya no se diferencia tanto de los demás países latinoamericanos como en el pasado y dejó de ser una avanzada de Europa respecto de ellos, experimentando un fuerte proceso emigratorio, que crea la necesidad de armonizar dentro del MERCOSUR las políticas sociales en esa materia.

Yannick Kalantzis (docente y doctorando en la EHESS), se refirió a la crisis argentina, centrándose en el desempeño exportador, para estudiar la viabilidad del régimen de crecimiento de la década pasada, que dependió del flujo de capitales generados por el sector público, dado que cuando la afluencia de capitales es positivo, el tipo de cambio se aprecia y se expande la economía. Pero al revertirse el flujo de capitales, se provoca una depreciación real de la moneda, se genera una recesión y se llega al default. Para Kalantzis, dado el marco institucional que hizo posible la convertibilidad, la crisis tuvo lugar esencialmente por la desaceleración del crecimiento de las exportaciones. La crisis de la deuda no se debe a un elevado porcentaje de déficit fiscal, pues como otros autores señalan no fue tal; su monto se debió esencialmente al pago de los intereses de la deuda y a las consecuencias de la reforma previsional. Tampoco la rígida paridad cambiaria sería el origen de la crisis, ni los shocks externos provocados por las crisis de países asiáticos, Rusia y Brasil; la crisis se debería al elevado costo del financiamiento externo y a la desaceleración del crecimiento y de las exportaciones a partir de 1998. Sería de carácter estructural, resultado de la inadecuación del nuevo modo de regulación instaurado por el régimen de convertibilidad, es decir de las condiciones del financiamiento externo y la caída del ritmo de las exportaciones, originado en un problema endógeno. La masa monetaria total, con el dinero creado por el crédito bancario, llegó a ser superior a la base monetaria dependiente del monto de reservas en divisas; pero ambas debían crecer al mismo ritmo y la proporción entre ellas mantenerse constante. De esa manera se reinstauró la credibilidad en el dinero, estimulando el ahorro, los contratos se pudieron celebrar en dólares o en pesos y el crédito bancario pasó a depender del nivel de las reservas internacionales. Pero esto tuvo como consecuencia la escasez y el encarecimiento del crédito y para que el régimen de acumulación fuera viable, se requirió un continuo ingreso de capitales. Durante los noventa, crecieron fuertemente las importaciones y se produjo un déficit comercial, haciendo que la estructura productiva dependiera de los insumos y bienes de capital importados y que aumentara la demanda de bienes de consumo importados. La forma de asegurar el ingreso de divisas fue la Inversión Extranjera Directa IED (mediante el proceso de privatizaciones), el endeudamiento privado y el endeudamiento público, por la emisión de bonos de largo plazo en divisas. Para ello fue necesario que el gobierno brindara garantías de credibilidad, cosa que se buscó con las reformas estructurales recomendadas por el "Consenso de Washington". Pero un fuerte incremento de la deuda externa afectó la credibilidad del gobierno, lo que originó la reducción del ingreso de capitales y el aumento del riesgo país; para compensarlo debieron adoptarse medidas de ajuste en otras variables. Pero el flujo de capitales hubiera proseguido si hubieran crecido las exportaciones a un rimo suficiente como para mantener el cociente entre la deuda externa y las exportaciones, por debajo de un cierto umbral crítico.

Aplicando un modelo econométrico, Kalantzis concluye que del equilibrio se pasó a la crisis, debido a la suspensión del ingreso de capitales, al crecimiento de la deuda externa con relación al PBI y a una caída de la tasas de acumulación porque cayeron la inversión y el crecimiento. Cuando se produce el default, las familias y las empresas procuraron convertir los pesos en dólares y sacar las divisas del país, provocando una crisis bancaria y la interrupción del crédito bancario. La crisis se produce por un cambio de las expectativas de los inversionistas en el mercado de bonos, y por el aumento de la proporción de la deuda sobre las exportaciones, que hace disminuir el préstamo de los inversores al gobierno. Históricamente se observa que desde mediados de la década pasada, caen las transferencias financieras hacia el sector público, disminuye el flujo de capitales hacia el sector privado y cae la inversión de las empresas que se financiaban con la deuda externa. La inversión agregada estaba determinada por el crédito bancario, que a su vez estaba determinado por la variación de las reservas internacionales. La crisis argentina fue del tipo "profecía autocumplida", pues la proporción del endeudamiento no era excesiva, pero creció muchísimo luego del default. El riesgo país habría crecido fuertemente debido a las crisis mexicana, asiática, rusa y brasileñas y fue explosivo en 2001. Los inversores se volvieron pesimistas a partir de la crisis del tequila (aunque la situación se atenuó debido al crecimiento de las exportaciones) y sobre todo, del inicio de la recesión en 1998. Hubo un deterioro de los términos del intercambio desde 1997, con la caída de los precios de las exportaciones en dólares, habida cuenta de la estructura de estas en Argentina, "commodities" del sector primario y bienes manufacturados con poco valor agregado, donde los exportadores son tomadores de precios y sufren las consecuencias de su volatilidad en el orden de los precios internacionales. El tipo de cambio apreciado elevó la rentabilidad del sector no transable y promovió una transferencia de inversión desde el sector transable hasta el no transable. La crisis se debe a la incompatibilidad del régimen de acumulación y su modo de regulación. El fuerte incremento de las exportaciones durante los primeros años de los noventa se debería a un fuerte incremento de la productividad, provocado por una transformación de la función de producción. Para continuar el estudio propone estudiar las ganancias de productividad, las estrategias de innovación, la inversión en capital físico, las actividades de investigación y desarrollo y la calificación de los trabajadores al nivel de las firmas.

Daniel Chudnovsky (Universidad de San Andrés, UBA y CENIT) se refirió a la larga gestación de la reciente crisis argentina, cuya complejidad reside según su punto de vista en los resultados exitosos de las políticas de reformas estructurales promovidas por el Consenso de Washington que convirtieron al país en un "modelo" y también, en la severidad del colapso económico, social y político manifestado a fines de 2001, proceso recesivo iniciado a mediados de 1998, que diera lugar a una fuerte disminución del PBI per cápita, al incremento del desempleo, la pobreza y la indigencia. Para ello retomó una serie de trabajos de economistas de diversas orientaciones que analizaban dicho proceso poniendo el acento en los problemas monetarios. Los shocks externos provocados por las crisis mexicana, asiática, rusa y brasileña. así como el deterioro de los términos del intercambio, la caída del precio de las exportaciones, la devaluación brasileña con su impacto sobre el nivel de las exportaciones y la apreciación del dólar, no pudieron ser controlados debido a la imposibilidad de ajustar el tipo de cambio y de reducir más aún los salarios reales medidos en dólares, el elevado déficit fiscal, y las protestas sociales; pero sobre todo porque la búsqueda de la competitividad quedó atrapada por las ventajas comparativas provenientes del sector primario de la economía. Para compensar esas rigideces, se recurrió al endeudamiento externo (que contó con el decidido apoyo del FMI) pero teniendo que afrontar la elevación de las tasas de interés y de la prima del riesgo país. La política económica de la Alianza no acertó en su diagnóstico ni en las políticas para hacer frente a una crisis anticipadas desde 1998 pues, concluyó Chudnovsky, la convertibilidad era mucho más que una tasa de cambio fijo con un peso sobrevaluado, era la base sobre la cual se ordenaba toda la economía doméstica.

Saúl Keifman, director de la Maestría en Economía de la Universidad de Buenos Aires y miembro del Plan Fénix, recuerda en su ponencia que la crisis argentina se inscribe en una historia de enorme fragilidad e inestabilidad institucional, que manifiesta la dificultad de construir un orden democrático y un estado nacional que procese las demandas sociales, y las articule dentro de un modo de regulación y un régimen de acumulación. El golpe del 24 de marzo de 1976 y las jornadas del 19 y 20 de diciembre de 2001 parecen marcar el comienzo y el final de un ciclo. El terrorismo de Estado sirvió a un proyecto de construcción de una sociedad de mercado que presuntamente carecería de la conflictividad social del modelo de sustitución de importaciones. Tras la impasse del gobierno de Alfonsín, el proyecto se completó bajo la presidencia de Menem. El cierre del ciclo, con el colapso de la Caja de Conversión que arrastró consigo al gobierno de De la Rúa, se produce por la reacción popular frente a la destrucción de los lazos sociales que había sido causada por el régimen de mercado autorregulado, replanteando un tema señalado hace sesenta años por Karl Polanyi. Los acontecimientos del 19 y 20 de diciembre pusieron un límite al paradigma del mercado autorregulado e instalaron una demanda de reparación social, abriendo un proceso de redefinición de los roles del Estado y el mercado. Las primeras iniciativas del Kirchner parecen apuntar en esta dirección. Emerge una recuperación de la ética como fundamento de lo político, y una subordinación de lo económico a lo político, insuflándole sentido a la vaciada democracia argentina. Todo esto exige una reconstrucción institucional basada en principios consensuados de justicia. éste es el hilo conductor que va desde el retiro masivo de generales en actividad, el juicio político a la "mayoría automática" de la Corte Suprema de Justicia, la intervención del PAMI y la anulación de las leyes del perdón, hasta una negociación en términos bien diferentes con las empresas de servicios privatizados y el Fondo Monetario Internacional. Sin embargo, la profunda crisis social heredada del experimento neoliberal plantea enormes desafíos. Una estrategia de crecimiento liderado por la exportaciones es problemática por el insosteniblemente bajo nivel de los salarios reales, el proteccionismo de los países desarrollados, la recesión económica internacional y la baja generación de empleo del patrón primario-exportador de Argentina. El bajo nivel de los salarios reales dificulta que amplios sectores de la población reproduzcan su fuerza de trabajo, generando un círculo vicioso de pobreza y baja productividad. En la era de la economía basada en el conocimiento, una estrategia sabia de crecimiento debería cuidar los valiosos recursos humanos del país, mejorando las condiciones alimentarias y sanitarias de la población y alentando la mayor adquisición de educación y entrenamiento de los trabajadores, para favorecer la expansión de la producción y exportación de bienes de mayor sofisticación tecnológica. Esto requiere de la expansión del gasto público en educación, salud, e inversión en infraestructura, lo cual entra en conflicto con el FMI y demás acreedores externos. No obstante, no parece haber otro camino de terminar con la lacerante deuda social, concluye Keifman.

Uno de los mayores exponentes de la TR, Benjamín Coriat (Universidad de Paris XIII y GREIT) enfocó el tema del régimen de convertibilidad, la acumulación y la crisis argentina durante los años noventa, utilizando el concepto regulacionista "formas institucionales". La ley de Convertibilidad es analizada como un golpe de fuerza (coup de force), dado el contexto de crisis e incertidumbre y las pocas condiciones reunidas para que esa decisión original se adoptara y al mismo tiempo por la ambiciosa apuesta sobre el futuro en cuanto a los ajustes que provocaría. Se trató de un acto de dimensiones estratégicas, para encaminar de manera durable el régimen de acumulación. El control de la hiperinflación, que había traumatizado a la sociedad, permitió adquirir credibilidad en la búsqueda de estabilidad y crecimiento, contando con el apoyo del FMI y del Banco Mundial.

Ese nuevo régimen puso a la moneda en la cúspide de la jerarquía de las formas institucionales y desde allí impuso restricciones a las demás: el comercio exterior debía aportar fuertes excedentes, para lo cual había que aumentar la productividad y reducir los costos; los capitales extranjeros debían aportar recursos bajo la forma de IED, con libre entrada y salida; las instituciones financieras debían otorgar créditos de largo plazo y con bajas tasas de interés, el Estado para reducir el déficit debía privatizar las empresas públicas y endeudarse externamente emitiendo una fuerte diversidad de bonos del Tesoro en varias monedas y obtener divisas, abandonando en manos de la evolución de la divisa norteamericana su soberanía sin poder efectuar los ajustes necesarios, ni tomar en consideración la evolución presente y predecible del comercio internacional cada vez más competitivo y dominado por las finanzas.

Para conseguir el éxito se debía lograr un elevado y continuo shock de productividad, obtener un elevado excedente en dólares del comercio exterior y reducir el costo de la mano de obra medido en dólares. El resultado en cambio, luego de pasado un lustro, fue la destrucción de la industria nacional (básicamente las PYME poco competitivas) y la reprimarización de la estructura económica, elevados costos comparativos de producción y salariales medidos en dólares; la extranjerización de los bancos privados más importantes y la privatización de los bancos provinciales más pequeños; el continuo déficit del comercio exterior a pesar del crecimiento de las exportaciones debido al incremento de las importaciones, las elevadas tasas de interés y de la prima por riesgo país; en consecuencia, la posibilidad de rembolsar la deuda y pagar los intereses quedó fuera de la capacidad de gestión de las autoridades económicas, que ante la amenaza de fuga de capitales de los sectores más pudientes instauraron el "corralito" afectando en mayor medida a las clases medias y a los asalariados que tuvieran depósitos bancarios. El final de este régimen de acumulación "arrastrado por las finanzas" fue entonces previsible, y se anticipó ya desde 1998 porque era muy vulnerable a la volatilidad de los mercados y a las crisis financieras internacionales.

Robert Boyer, uno de los fundadores de la TR, (CEPREMAP, URA Nº 922 del CNRS y docente de la EHESS), presentó una ponencia de síntesis, criticando los enfoques de la crisis argentina inspirados en diversas teorías económicas contemporáneas, que recurrían a los modelos de primera generación de Krugman, o que señalaban la crisis fiscal como detonante, y aquellas que ponían el acento en la incapacidad demostrada por la economía argentina para endeudarse en su propia moneda. La convertibilidad había obedecido a la necesidad de contrarrestar la hiperinflación pero al mismo tiempo hizo depender el crédito interno respecto de la entrada de divisas resultantes del saldo de la balanza comercial, de la IED tanto para inversiones -que en definitiva se canalizaron hacia la compra de empresas de servicios, con una alta tasa de rentabilidad y protegidas frente a la competencia internacional- como de capitales orientados a la especulación financiera. Para hacer frente al déficit fiscal y en un contexto de estabilidad de precios, dadas las nuevas funciones del BCRA, el gobierno recurrió al endeudamiento, pero el largo período de recesión y el freno al crecimiento de las exportaciones acumuló deuda e impidió su reembolso, estimuló la fuga de capitales y obligó a bloquear los depósitos bancarios, preludio de la devaluación, con lo cual la crisis económica se expandió a una crisis social y política, que conllevó al default. Para Boyer, la crisis era al mismo tiempo de las formas institucionales del modo de regulación y de las regularidades del régimen de acumulación, pues éste no logró consolidarse como un régimen coherente. La crisis tiene un carácter irreversible, y para ser totalmente superada, requerirá un tiempo considerable y la adopción de nuevas formas institucionales, donde el papel del Estado tendrá que ser revalorizado.

Buenos Aires, agosto de 2004.


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Puesto en línea: 15 noviembre 2004