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La estructuración espacial del Area Metropolitana giró históricamente en torno a un único mercado de trabajo que tenía a la ciudad de Buenos Aires como epicentro. Este espacio que se expande en función de la sustitución de importaciones se habría conformado como un solo mercado de trabajo, ligado a un proceso de urbanización industrial en forma de coronas, por la accesibilidad que facilitó el bajo costo del transporte, específicamente el ferroviario que era prácticamente gratuito, y la disponibilidad de trabajo que derivó en una integración masiva a los nuevos empleos. Mientras la ocupación del territorio se realizó bajo la forma de loteos. Este primer proceso estructural de integración socioespacial sufre posteriormente el impacto de la desindustrialización y de las reformas del Estado cambiando el panorama de la pobreza urbana en esta gran región Metropolitana. La desarticulación de espacios se expresa en una mayor segregación y deterioro de áreas geográficas con la emergencia del fenómeno del "underclass" y de la "nueva pobreza" concentradas en ciertas áreas a partir del aumento de la proporción de hogares bajo la línea de pobreza o en situación de vulnerabilidad y riesgo. Actualmente en el Area Metropolitana el proceso de desintegración y exclusión social aparece como fenómeno social dominante relacionado con los problemas de acceso al mercado de trabajo, desempleo y pérdida de derechos de ciudadanía, cuyos efectos impactan de manera diferencial sobre la población de hogares residentes en el primer y segundo cinturón. Las situaciones más representativas de los efectos de la desarticulacióndel mercado de trabajo están ubicadas en el primer cinturón mientras que el segundo cinturón está ligado e la territorialización de la oferta en espacios con enormes déficitis de hábitat y ocupaciones atípicas en sectores de pobreza estructural que padecen altos costos de traslado para acceder a condiciones más ventajosas. Entonces, podemos decir que las consecuencias del empleo han contribuido al quiebre del ciclo de urbanización y al de la movilidad social que se va a manifestar en verdaderos efectos de fractura societal con la exclusión de nuevos sectores sociales del mercado de trabajo (Vasilachis de Gialdino/Benencia). En el nuevo escenario que asocia crecimiento económico sin empleo con desregulación estatal, los cambios en el mercado de trabajo en el Area Metropolitana muestran que la desocupación se deriva de la caída del empleo y del aumento de oferta disponible. Así, el incremento de la tasa de actividad por adición de miembros, tiende a operar como sobreoferta laboral creciente con relación a la demanda, generando presión demográfica y disparidad en las condiciones de acceso e inserción en el mercado de trabajo. A nivel de los hogares, la situación de vulnerabilidad se expresa en un cambio social y cultural que produce ruptura en el patrón clásico al afectar el papel masculino con centralidad ocupacional en beneficio de otros miembros, siendo los jóvenes los que se presentan mayores dificultades de inserción (Moreno/Jacinto) en un proceso de creciente informalidad y precarización laboral (Lema/Bisio, Forni). Si bien la demanda de empleo depende de la dinámica de la microeconomía, a nivel microsocial, existen desventajas adicionales en el acceso a la información, y la empleabilidad de los residentes tratan de paliar a través de redes y relaciones informales para la búsqueda de empleo (López/Ameigeiras) en un contexto de falta de transparencia tanto del mercado de trabajo como de las políticas sociales disponibles para los residentes de estos territorios. Impulsadas por la crisis de empleo y como parte de la nueva relación que se está produciendo entre Estado y Sociedad Civil, en el segundo cinturón han surgido diversas intancias de articulación laboral de variadas entidades públicas y privadas como respuesta a la fragmentación y segmentación de los mercados de trabajo (Angélico, Forni, Roldán). Frente a la tendencia a recomponer, aunque de manera limitada, la fragmentación del mercado de trabajo a través de mecanismos informales de búsqueda, la agudeza del desempleo y el hecho de que los mecanismos de mercado sesgados en la demanda (avisos, agencias, consultoras) dejan una parte de la población desocupada, empieza a ser importante la participación estatal (bolsas de trabajo, planes de empleo mínimo). Se trata de servicios públicos que reclutan personal para promover el empleo subsidiado desde las políticas sociales (que en su mayoría recluta mujeres) derivando en producción de clientelas territoriales con escaso efecto sobre el nivel de empleabilidad (Goren). Ante la poca eficacia de los mecanismos de mercado y estatales, surgen respuestas de la sociedad civil a través de redes institucionales de ONGs (Angélico, Forni) -muchas de ellas originadas en la Iglesia Católica (Vuotto, Acosta). Estas entidades sociales sin fines de lucro que intermedian en el mercado de trabajo, han promovido iniciativas de bolsas de trabajo con objetivos fundamentalmente encaminados a garantizar la igualdad de oportunidades al mejorar las condiciones de accesibilidad/inserción. Un caso muy especial es el de Cáritas de la Diócesis de San Isidro que dispone de una red de bolsas de trabajo (Tommarello y Di Gennaro). Impactadas por las transformaciones del mercado laboral, las organizaciones sociales de distinto grado de especialización (eclesiales, UBA, AMIA) revelan procesos de adaptación/reformulación de sus prácticas asumiendo ámbitos referenciales al problema del empleo que oscilan entre la colocación, la producción de proyectos y la contención (Cid, Spataro/Wilkis, Goldfarb/Janin/Vommaro, Con/Masuran, Robledo, Carrizo/ Parroquia Santa Teresita de Virreyes/ Mesa de Compromiso Social). En la tendencia hacia la articulación territorio-mercado orientada a la integración, se expresa una gestión profesionalizante con voluntariado que refuerza la autonomía social de las organizaciones eclesiales de base territorial (Del Castillo). La participación y el impacto comunitario que alcanzan estas organizaciones sociales se dimensiona en un conjunto de experiencias de inclusión orientada especialmente a la formación/inserción de jóvenes (Mealla/Carrillo/J. de Martín). Estas jornadas estuvieron orientadas al intercambio entre actores desde la práctica de la reflexión y la acción en torno de la problemática del empleo y la búsqueda de soluciones y puede inscribirse como una práctica de recomposición de la sociedad civil en tanto construye un proceso de inclusión que incrementa el capital humano y social en estrategias de organización colectiva. Floreal
H. Forni |
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