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Los mercados de trabajo en Europa*
Michel Husson
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I N D I C E |
Les marchés de travail en Europe es un libro que acaba de publicarse en Editions La Découverte y fue redactado por cuatro investigadores del IRES: Jacques Freyssinet, Michel Husson, Annie Jolivet y para España, Carole Tuchszirer.
El punto de partida del análisis es una vuelta a la década de 1990 que se caracterizó, en el ámbito del trabajo, por dos fenómenos principales. En primer lugar, las tasas de desempleo -que representan un indicador adecuado de los desequilibrios en el mercado de trabajo- alcanzaron niveles sin precedentes desde la crisis de los años 1930, que la recuperación reciente sólo reabsorbió parcialmente. En segundo lugar. Las nuevas etapas de la construcción europea, con los tratados de Maastricht (1992) y de Amsterdam (1997) abren un doble debate: por una parte, acerca de las condiciones de funcionamiento de mercados de trabajo heterogéneos en un espacio económico unificado y, por otra, acerca de la hipótesis de convergencia hacia la constitución de un mercado de trabajo europeo.
La "euroesclerosis": una explicación un poco corta
Sobre el primer punto, la explicación de alguna manera espontánea es la tesis de la "euroesclerosis": Europa demostraría, sobre todo en comparación con Estados Unidos, una incpacidad estructural para crear una cantidad de empleos suficiente como para garantizar el derecho al trabajo. La principal razón sería una insuficiente flexibilidad de los mercados de trabajo. Pero tal presentación no puede dar cuenta de todas las dimensiones de la comparación internacional. En particular, Europa no expresó una "preferencia" particular por el salario en detrimento del empleo: desde mediados de los años 1980, la mayoría de los países europeos vió retroceder la proporción de los salarios en el valor agregado mientras que éste permanecía más o menos estable en Estados Unidos. La moderación salarial fue marcada, pero no suscitó la creación de empleos postulada por la teoría neoclásica. Por el contrario, los países que mejor aplicaron este tipo de recetas, y por lo tanto hicieron retroceder más la parte de los salarios, son los que pagaron el tributo más pesado al desempleo.
La vuelta del vínculo empleo-crecimiento
Esta constatación lleva a un examen más detallado de las performances de cada país. Este ejercicio se realiza a partir de iuna descomposición de la tasa de desempleo en cuatro componentes: crecimiento, productividad, población económicamente activa, tasa de actividad. En primer lugar, permite revelar algunos resultados negativos bastante claros. Para el total de la década, se constata así que las variables demográficas no dan cuenta de las trayectorias nacionales del empleo: los países en los que la tasa de desempleo aumentó más no son aquellos en los que la población económicamente activa progresa más rápidamente. En cambio, algunos países, especialmente Gran Bretaña, recurrieron a políticas que desalentaban la actividad e hicieron retroceder al desempleo mediante una desaceleración de la población económicamente activa más que mediante la creación de empleos. Otros indicadores macroeconómicos de flexibilidad, como la velocidad de ajuste del empleo, no discriminan claramente los países. Finalmente, las variables macroeconómicas no revelan las huellas de las políticas de empleo: la duración del trabajo o el contenido en empleo del crecimiento contribuyen evidentemente a determinar la evolución del desempleo, pero sin introducir diferenciaciones entre países que podrían vincularse con sus propiasperformances en cuanto a empleo.
El principal resultado es la presencia de un vínculo sólido entre empleo y crecimiento: en los países en los que el PIB tuvo el crecimiento más rápido, el desempleo progresó menos e inclusive retrocedió. Esta constatación puede parecer banal, pero no lo es por dos razones. En primer lugar, este vínculo se restableció en los años 1990, luego de haber estado muy distendido en los años 1980. Además, va en contra de los esquemas de aplicación dominantes, que privilegian exclusivamente factores explicativos del desempleo que remiten a las supuestas rigideces de los mercados de trabajo, con el riesgo de olvidar una determinación tal elemental.
Hay que profundizar después el análisis, tomando en consideración los aspectos denominados institucionales, y examinar directamente la pertinencia de la idea según la cual las performances de los mercados de trabajo dependen principalmente de su grado de flexibilidad/rigidez. Mientras que esta relación de causa-efecto se considera a menudo evidente, es difícil establecerla en la práctica, aunque más no sea porque se trata de una realidad multidimensional. Los mercados de trabajo están regulados por la reglamentación del empleo y por las modalidades de fijación de los salarios; posibilidades de despido, sistemas de negociación, salario mínimo, dibujan un panorama complejo que es difícil remitir a un índice de flexibilida único. Si se agregan las políticas públicas de empleo y la indemnización por desempleo, la diversidad institucional aumenta aún más y vuelve difícil mostrar las tipologías englobantes. La realidad institucional de los países europeos es un mosaico de lógicas societales difíciles de comparar. Cuando a pesar de todo se corre el riesgo de testear una relación directa entre instituciones y performances del mercado de trabajo, sólo se validan empíricamente algunos vínculos parciales. Así, la reglamentación del empleo tiene un impacto sobre la velocidad y la amplitud del ajuste del empleo. Influye también sobre la duración promedio de desempleo y la disparidad de las tasas de desempleo por categorías. Por otra parte, los sistemas centralizados de negocación colectiva tienden a reducir las desigualdades de salario y permitir una tasa de desempleo más baja. Pero desde un punto de vista de conjunto, no existe relación unívoca general entre las performances del mercado de trabajo y el entorno institucional de cada país.
Se puede pensar otra hipótesis, según la cual estas performances dependerían sobre todo del grado de coherencia entre el modelo de desarrollo económico y los compromisos sociaes que se establecen para asegurar la regulación de los mercados de trabajo. Este examen, realizado de manera detallada en cinco países con diferentes experiencias (Alemania, Países Bajos, Gran Bretaña, España y Francia) lleva a ciertas enseñanzas. El papel preponderante del crecimiento económico se confirma, lo que no le impide a la política de empleo ni a la negociación colectiva ejercer una influencia no desdeñable. En efecto, dirigen la capacidad de adaptación de las estructuras de empleo y la capacidad de combatir los mecanismos de amplificación de las desigualdades en los mercados de trabajo.
Frente a una tendencia general al aumento de la flexibilidad, se pueden distinguir dos grandes tipos de reacciones. Los países que optaron por una desregulación sistemática de los mercados de trabajo aprovecharon la poca capacidad de negociación de los asalariados en un contexto de desempleo masivo; sin embargo, los costos sociales elevados no tuvieron como contrapartida performances más satisfactorias en términos de creación de empleos; en Gran Bretaña y España puede observarse actualmente un refuerzo de las normas colectivas mediante intervención pública o negociación. En cuanto a los países que disponían de mecanismos poderosos de regulación colectiva, aceptaron un cierto grado de descentralización de su implementación, pero tuvieron resultados dispares; la cuestión que se les plantea es la de una coherencia entre el mantenimiento de normas colectivas que regulen el funcionamiento de los mercados de trabajo y la prosecución de políticas de desregulación en los otros mercados.
El modelo social europeo en la encrucijada
La Unión Europea, que agrupa países mayoritariamente del segundo modelo, se encuentra frente al mismo tipo de problemas respecto de la creación de normas comunitarias aplicables a mercados de trabajo muy heterogéneos. Si la construcción de un espacio económico y monetario unificado está terminando, no sucede lo mismo con los mercados de trabajo que siguen estando marcados por una profunda heterogeneidad estructural, y por resultados en materia de empleo y desempleo muy desiguales.
Es cierto que se manifiestan tendencias globales bajo la forma de una reducción de la parte salarial dentro del ingreso nacional, de desarrollo de formas flexibles de empleo y de "activación" de las políticas de empleo; pero no bastan para engendrar un movimiento de convergencia en las performances de los mercados de trabajo nacionales. En estas condiciones, queda abierta la opción entre tres grandes modelos de organización social:
El sentido de las evoluciones por venir no resultará mecánicamente de cualquier determinismo, y son las estrategias de los actores y las relaciones de fuerzas que se establecerán entre ellos los que regirán las opciones entre los diferentes escenarios posibles.
* La lettre de l'IRES Nro. 44, julio 2000. Traducción: Irene Brousse
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